Antonio José Cavanilles (1797)

Antonio José Cavanilles (1797)

"Fatígase la vista al descubrir por todas partes eriales, aridez, descuido, y cerros que alargan el camino de suyo fatigoso; pero en saliendo de la última garganta, cuando se perciben las inmediaciones de Elche, y en ellas aquel bosque de olivos, precedidos de tanto campo cultivado; cuando en el centro de los olivos se ve aquella multitud de empinadas palmas que ocultan los edificios, y parte de las torres y cúpulas de la villa más populosa del reino, es tanta la sorpresa, tan dulce la sensación, que el espectador desea llegar a aquel nuevo país para conocer a fondo su valor, su hermosura, sus producciones y habitantes, digno todo ello de ser descrito con exactitud [...]"

[...] Guiáronse las aguas hacia la porción privilegiada que circuye la villa, y muy en breve se vieron en aquel suelo, antes árido, bosques de olivos, vergeles deliciosos, jardines amenos y agradables, no solo por la frescura, verdor y lozanía de los vegetales, sino por la novedad de los frutos poco conocidos en el resto del reino. Crecen y prosperan en varios parajes del reino las plantas de algodón, y las palmas que por capricho o adorno se conservan en algún huerto; pero hacer cosechas importantes y cultivar estos vegetales con conocimiento y esmero, solamente lo han conseguido los de Elche. Destinaron a palmas mil tahullas contiguas a los edificios de la villa, que reducidas a huertos cercados de paredes forman un bosque circular de 70 mil palmas. Síguese a esta faja circular de huertos otra más ancha, donde se cultivan trigos, barrillas, alfalfas, y otras plantas útiles; y últimamente vienen los olivos, que ocupan 30 mil tahullas, y sirven de corona o cerco al resto de las huertas.

Mirando este recinto desde la torre o campanario de la Iglesia de Santa María ofrece una vista agradable. Vese a los pies aquel caserío y multitud de calles donde moran 20 mil almas, y luego sucesivamente las fajas circulares de la huerta, seguidas de sembrados sin riego cuando alcanza la vista. Los árboles del secano reducidos a higueras, algarrobos, y a tal cual almendro; la blancura y aridez aparente de los campos hacen un contraste admirable con el bosque de olivos, y este con el de palmas, por mediar entre ellos multitud de huertas con variedad de producciones"

 Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia.

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