Latour Brotons, Jaime

Datos biográficos
Fecha de nacimiento
18 de enero de 1918
Lugar de nacimiento
Elche
Fecha de muerte
6 de enero de 2000
Lugar de muerte
Elche
Profesión
Médico

LATOUR BROTONS, Jaime (Elche, 18-I-1918 - 6-I-2000). Doctor en Medicina.

Entrevista de Miguel Ors Montenegro, Elche, 31 de enero y  7 de febrero de 1992. Transcripción realizada por Isabel Candela Latour.

Nací en Elche, el día 18 de enero del año 1918. Y nací precisamente en la calle del Salvador.

¿En ésta misma casa?

            En esta misma casa no. Yo nací dos casas más hacia abajo, en el número 26. Donde había una tienda de tejidos a nombre de Martín Brotons, que era hermano de mi madre. De manera que esa casa era de mi abuelo y ahí en ese piso nací yo. No la recuerdo en absoluto, porque mi madre siempre decía: “nos vinimos a vivir definitivamente a la calle de la Almórida cuando Jaime tenía año y medio”.  En realidad viví allí hasta que me casé en el año 1947, hasta que volví a la calle del salvador. Y vivíamos en esta misma casa, de manera que vivíamos en el piso de arriba y mis suegros vivían en el piso de abajo. Luego, a la muerte de mis suegros arreglamos un poco la vivienda y bajamos del piso de arriba al piso de ahora. O sea que he estado en la calle del Salvador viviendo y la consulta la he tenido en casa de mis padres, porque vine a Elche teniendo relaciones con Isabelita, pero sin haber definido, ni haber decidido qué era lo que iba a hacer yo. Vine a Elche después de terminar la carrera, en el año 1942, de manera que este mes de mayo se cumplen las bodas de oro de una promoción, exactamente el día 28 de mayo.

¿Y su familia?. Si le parece hablamos de su familia paterna primero.

Mis padres, los dos, nacieron en el año 1885. La fecha exacta no la sé.

¿El año del BOU?, ¿el año que salió el BOU en Elche?

 Exactamente. El BOU lo tengo yo en casa. Me lo regalaron y mi padre hablaba mucho de él. No quiero perderme, pero si quieres alguna anécdota en relación con todo aquello...De eso sabrás tú más que yo. Había uno que le llamaban el Ebanista, Pere el Ebanista. Parece ser que no era hombre de gran cultura, pero sí de gran ingenio, por lo visto había una timba en las cuatro esquinas y en esa timba en aquella época había ya una pequeña corrupción en la que participaban las autoridades. Los intermediarios eran los municipales y una noche (esto está contado por Salvador Vives), Pere el Ebanista, al cerrar el café, estaba sentado en un rincón del café con poca luz y se durmió. Cerraron la puerta y cuando se despertó se encontró con que estaban solos. Tocaron a la puerta, entró uno y preguntó: -¿cuánto se ha hecho hoy?, ¿cuánto se ha ganado?, ¿cuánta es la parte de”fulano”?, ¿cuánta es la parte de “mengano”?  Y no creyó prudente dar la cara. Cerraron  el bar, el café y pasaron la noche allí...total que se marcharon y lo dejaron todo completamente cerrado. Y al día siguiente, muy temprano, como se abrían los cafetines en aquella época, abrieron aquello y cuando empezó a entrar gente, el hombre se mezcló entre ellos y se fue. Y en el número siguiente del BOU salió una trascripción literal de la conversación que tuvieron el dueño del bar y un guardia municipal que estaba interesado en el asunto. El título del artículo fue: “Catarroja descubierta”. Todos estaban locos, ¡che fulano!, ¡che mengano!, pensando cómo se podía haber sabido aquello con pelos y señales si allí no había nadie. No sé si es verdad o si es mentira lo que contaba Salvador Vives. Hay mucha gente de aquella época...Yo tengo un tomo del BOU que se publicó, que me lo regaló María Sanchís.

Vamos a volver a lo de la familia. Mi padre es el mayor de una familia numerosa. No sé exactamente los hijos que tuvo mi abuela, pero los abuelos murieron jóvenes y dejaron de mayor a mi padre con dieciséis años. Detrás de él hay otro varón que es el tío Pepico que tiene veinte meses menos que mi padre, la tía Sunsioneta, que después de la muerte de sus padres, primero se hizo monja y luego dejó el convento y volvió a regentar la casa, el tío Luís, que vive aquí enfrente..., el tío Antonio, que parecía que era el más culto de todos, murió a la edad de veinte años de una tuberculosis pulmonar, enfermedad que entonces era de una frecuencia extraordinaria. Otra que murió de una muerte violenta fue la tía Feliciana, que murió precisamente en esta calle, tres casas más allá, donde estaba la imprenta Agulló. Mi padre, pues, era el mayor. Mi abuelo murió a la edad de cuarenta y dos años y mi padre tenía dieciséis.

Mi abuelo se llamaba José Latour Lozano y tenía una hermana que estaba casada con un Llebrés. La familia de mi padre siempre tuvo una gran relación con los Llebrés. Mi padre siempre hablaba mucho del primo Llebrés, el veterinario. Ahora nosotros hemos continuado y tenemos una magnífica relación de amistad con Carmen Llebrés, viuda de  Jerónimo Sánchez e hija del veterinario Llebrés.

¿De dónde viene el apellido?

Nosotros escribimos el apellido con la ortografía francesa. Hasta que nació mi abuelo sólo había un Latour por generación y pensaban que el apellido se iba  a perder. Tengo unas notas que me dio Manolo Latour, que trabaja en el Ayuntamiento en las que se explica quienes fueron los primeros Latour que llegaron a Elche y en qué fecha. Parece ser que el primer Latour que vino de Francia era oriundo de Saint Etienne, parece ser que era veterinario y recuerdo que, según contaban mis tías y mi padre, era “el abuelo francés”. Su hijo era el “abuelo del puente”, porque había vivido siempre en el Puente de la Virgen, en la primera casa de la derecha. Esta casa fue vendida a la familia Ruiz Magro. La siguiente generación fue la de mi abuelo, después la de mi padre y la mía. Posiblemente llegaron en la Guerra de la Independencia, con el ejército de Napoleón. Quizá fue militar, pues en el ejército de entonces, la caballería era parte importantísima, y probablemente vino como militar y veterinario atendiendo a las caballerías. En casa de mis tías había muchos libros de veterinaria en francés, por ejemplo: L´ Anatomie des cheveaux. Recogí a la muerte de mis tías varios mamotretos en francés, pero mi mujer no los quería por aquí y regalé  a Victor Mendiola unos ejemplares de una historia natural porque su nieto tiene mucha  afición  a los fósiles.

Mi padre se apellidaba Latour Sánchez. Parece ser que su nivel económico era correcto. Recuerdo a mi tío Tomás Sánchez, colombófilo, jugador de dominó con el que nadie quería jugar. De él se cuenta lo siguiente. Tenía que ir  a la Guerra de Cuba, pero como su padre estaba en buena posición económica pagó el rescate para que no tuviera que ir. Quedó libre y como se aburría decidió irse como voluntario a la Guerra de Filipinas. El tío Tomás tenía mucha amistad con el Padre Lorenzo (el de la calle), que era Rector Magnífico de la Universidad de Manila. Cuando el tío Tomás se casó vino desde allí para celebrar la boda. El tío Tomás tenía una hermana: la tía Feliciana, que despidió  a su novio en vísperas de casarse porque le pareció haberlo visto con otra. Ella avisó a sus familiares y dijo textualmente: “ara quan vinga eixe li dieu que per aquí que no torne més, que s´én valla al carrer i que no es preocupi per les amonestacións, que ja les pagaré jo...”  Iba a casarse y despidió al novio.

Había otro que mi padre hablaba mucho de él, que era el tío Antonio, no el tío Antonio que acabó de nombrar, que era hermano de mi padre y que murió a los veinte años, sino uno que le dio por cantar y se fue a Barcelona y la familia no ha vuelto a saber nada de él. Era un bohemio. La casa de esa familia estaba en la calle del Salvador, pero tenían la fábrica a espaldas de esa casa, en la calle San Isidro, donde vivía un primo de mi padre. Después de esa casa fue a parar a la familia de Marcelino Sánchez que era Marcelino el Verdete. Ese Sánchez corresponde a la familia de mi padre. Por cierto que Marcelino era un elemento. Tú no sé si lo has conocido. Era de mucho cuidado. Por ejemplo, no hace tantos años ya, empezaban esos actos en Santa María, que se exige calidad. Llegó a Santa María con su maleta y su bastón:

-“Pom, pom pom” (tocando a la puerta)

  • A on va vosté?
  • jo? A l´església
  • I la invitació?
  • Ja!, la invitació?
  • Des-de quan en la casa de Déu fa falta portar-ne entrada? Y cogió su maleta, entró y les dijo a unas monjas que se encontraban allí:“pasen, pasen hermanas, que a la casa de Dios se puede entrar siempre que se quiera”.

Volviendo a los Latour y hablando un poco más en serio. Los hermanos de mi padre continuaron con una fábrica de alpargatas que era la industria vernácula de Elche. Aquella sociedad se llamó Sánchez Guilló, los apellidos del abuelo Sánchez.

Mi hermano Pepe, mayor que yo siete años, de crío inventó una canción a su estilo que decía; “ y aquí san se acabó la familia Sánchez Guilló”. Esta familia por lo visto tuvo un éxito económico extraordinario con la I Guerra Mundial. De manera que empezaron a cambiar el signo de la industria y hoy veo yo zapateros de Elche, que hay a montones, y muchos de ellos se han formado en la fábrica Latour, Hermanos & Compañía, que construyeron mi padre y mis tíos en un solar que hoy es donde está Mercadona. Pero el armisticio les sorprendió con una cantidad de calzado en Francia y en Barcelona y ahí empezó un declive que luego coincidió con el declive de la crisis económica que culminó el año 1929  “y en el mundo nada ocurre, que no ocurra alrededor”. Los médicos hablamos mucho de causas exógenas y causas endógenas, o sea, que en épocas de vacas gordas todo el mundo es inteligente y en épocas de vacas flacas la inteligencia decrece. Eso les llevó, creo que fue en el año 1925 a una situación de quiebra. Entonces en Elche y en casi todas partes las sociedades eran de responsabilidad limitada, eran sociedades regulares colectivas donde cada socio respondía con su patrimonio.

¿No como ahora?

No, ahora no responde nadie. Ahora abren una puerta y cierran otra con otro nombre y además eso ahora está permitido y admitido por la sociedad. En aquella época, cuando alguien se quedaba en la calle, se avergonzaba de no poder pagar. En fin, vamos a dejar la historia de los Latour ahí.

Mi madre es de la familia Brotons. Toda la historia de los Brotons va ligada. Mi abuelo era hijo de Jaime Brotons Pastor, alcalde de Elche y vivía en la casa contigua a ésta junto a su mujer, Marieta; oriunda de Valverde, Pomares de apellido. Tenían una Banca en Elche “los Brotons” que quebró. Esa historia ha sido siempre un arcano en la familia, un tema que se ha mantenido oculto y que no se ha querido desvelar.

Salustiano Brotons Pastor era hermano de mi abuelo Jaime Brotons, padre de Jaime Brotons Orts. Se casó tres veces, dos de sus matrimonios fueron con dos hermanas, y suplicaba que cuando muriera no se le enterrase con las dos hermanas y que lo enterraran con la otra esposa. La historia de la familia Brotons la tengo escrita “a mi gusto” aunque yo no respondo que mi gusto se corresponda absolutamente con la verdad.

Pepe Campello era socio de la Banca de Brotons y Compañía y tuvo que afrontar la quiebra de las pérdidas económicas de los Brotons. Selva era el gerente y como tal, responsable de la quiebra y fue a la cárcel. Las anécdotas alrededor de la quiebra son de tipo humano, por ejemplo la tía Angelica, esposa de Selva y hermana de mi abuelo Brotons era una neurótica número uno, que tenía como médico a D. Manuel Pascual Urbán y cuando iba al teatro alquilaba las butacas de detrás para su médico, por si acaso sufría algún ataque, asegurarse la asistencia médica.

La casa de Selva estaba en la calle Ramón y Cajal; era una casa con jardín con una gran escalera rehecha por tres veces por el capricho de tía Angelica. Todo esto es la prueba de que eran una familia acaudalada. Quizá lo que les condujo a  la quiebra fue la psicosis colectiva: corrieron los rumores de que la Banca estaba arruinada y todo el mundo se apresuró a retirar sus depósitos de la misma con la que realmente la hundieron, los ahogaron. Grandes fortunas de Elche deben parte de su fortuna a la quiebra de la Banca. Esta casa en la que estamos de la calle Salvador, salió a pública subasta tras la quiebra de la banca, comprada en el año 1925 por 25.000 Pts.

¿Y con respecto a su padre?

Mi padre era un hombre de negocios pero al que siendo todavía muy joven el negocio se le acabó. Yo soy médico porque mi padre al perder su negocio de fabricación de alpargatas se dedicó a administrar la fortuna de mi madre Asunción Brotons. Nosotros nos dedicamos a “comernos” la fortuna de mi madre con la que se dieron cuatro carreras: tres abogados y un médico. Mi padre era el jefe de la familia desde los dieciséis años y llevaba todas las responsabilidades. Éramos nueve hermanos Asunción, María, Pepe, Carmen, Mercedes, Jaime, Juan (fallecido siendo un bebé de meningitis) , Juan y Antonio. Yo he sido siempre algo ignorado, quedaba en medio y disimulaba...

Mi hermano Pepe era un superclase, muy inteligente y nada trabajador de calfoná, con una actitud impulsiva ante la vida. Estudió Derecho y acabó la carrera ¡a los dieciocho años! Había estudiado en los jesuitas y con tan sólo tres convocatorias sacó la carrera. En aquella época se podía estudiar Derecho con carreras aceleradas. Preparó oposiciones a Fiscal y fue el número dos de su oposición. Tenía mucha capacidad y  a los veintiún años era fiscal. Cuando le alababan el mérito que tenía mi padre decía: “¡el mérito lo tengo yo que es el que lo hace estudiar!”. Era muy de izquierdas, republicano, como buen joven. En la Guerra Civil española hizo prácticas en la Audiencia de Alicante. Fue detenido por sus ideas políticas republicanas. La familia estábamos escondidos en una finca que teníamos. Buscamos a un socialista clásico de Elche, Serrano Orts, costurero, para que nos ayudara; acompañó a mi padre al Ayuntamiento para interceder por mi hermano Pepe. Decidieron que tenían que huir. Él y un amigo disfrazados de  marinos argentinos, y embarcaron hacia Marsella, en el Tucumán. De Marsella regresó mi hermano Pepe por Irún y pasó a la España Nacional. Un tal Más que no se pasó al bando nacional fue condenado a muerte, aunque le conmutaron la pena.

Mientras tanto yo estaba en segundo de carrera, y fui movilizado sin haber hecho el servicio militar. Lo postergaba por cuestión de estudios.Fui artillero médico, serví en el ejército de Negrín. En 1942 hice el doctorado. Fui a casa de D. Pedro Laín Entralgo para que nos examinara del doctorado. Me dio un notable y desde entonces le he mantenido una gran fidelidad. Conozco toda su obra porque me gusta, y porque la ha escrito él. Ha dejado una gran escuela de discípulos. Tengo gran devoción a leer la historia de la medicina de Laín, muy agradable de leer, historia cultural del mundo donde se inserta la Medicina, ya que ella no es más que una faceta de la cultura universal.

El doctor Peset es el protagonista de una triste historia. Era decano de la Facultad de Medicina y de medicina Legal, Doctor en Derecho y en Químicas. Tenía un triple doctorado, de una cultura extraordinaria y creó una escuela de Medicina Legal en Valencia. López Ibor fue discípulo de Peset. Pero detrás hay una oscura y triste historia política. Lo condenaron a muerte y D. Pedro Laín Entralgo que en ese momento era jefazo de la Falange, del Consejo General de la Falange Española y el Dr. López Ibor que había sido un buen discípulo de Peset no pudieron hacer nada por él y fue ajusticiado. Lo cuenta Laín Entralgo en Descargo de Conciencia; mataron pues a una gran figura y a una magnífica persona. Yo he conocido a los hijos de Peset, pero nadie les ayudó, quedaron postergados por el fusilamiento político de su padre.

Yo he sido un hombre independiente, y ni he sido de la Falange, ni de la UGT. No me ha gustado formar parte de una cuerda; aunque todo esto me perjudicó bastante: en la guerra podía haber llegado a oficial, pero me quedé en soldado raso. Cuando yo reconocí haber pasado la guerra en la España Roja, en la hoja calificadora, me tacharon de “indiferente al Régimen de Franco” en la Caja de Reclutas. Eso era una barbaridad, yo fui al frente obligado y tuve que pasar la vejación de no ser condenado como adepto al Régimen con todo lo que ello significaba en la época de Franco. Ha sido una España de vencedores y vencidos. No me identificaba ni con los rojos, ni con los franquistas. Yo fui al frente rojo obligado con dieciocho años. En la guerra todos añoraban la liberación; con sus cosas buenas y malas. La Guerra Civil todavía no ha terminado, sale a relucir con efectos retroactivos. Aunque la historia desde la izquierda se ha escrito desde una manera tendenciosa, la legitimidad se pierde cuando desde el poder se comete un asesinato.

Fueron muchos los condenados a muerte en la guerra. En Elche fueron diecisiete, entre ellos Jaime Águeda Torregrosa; diecisiete ataúdes se llevaron a hombros, fue la única vez que me vestí con la camisa de Falange, era gran amigo de mi padre y quise llevar su ataúd, “yo anava la mar de guapet en la camisa de la Falange”. Según mi hermana Asunción Latour, Jaime Águeda lo único malo que había hecho era hablar demasiado. Me tuvieron que prestar la camisa, porque yo no tenía. El cadáver pesaba muy poco.

Un gran médico alemán, catedrático de Berlín, publicó una patología, le cogió con Hitler en la cumbre de su carrera. Tenía una gran formación humanista. En un proceso que presidió en Atenas recibió la consigna de que al final de su conferencia tenía que levantarse y hacer el saludo hitleriano y Dios le ayudó, salió el sol y como el acto era al aire libre hizo un gesto bastante disimulado como dando a entender que se tapaba del sol, con lo que pudo salir airoso del apuro. La gente tenía miedo en la Liberación de no levantar suficientemente el brazo y de que les llamaran la atención.

Vamos a hablar de Vd., de su infancia y estudios.

A ver si lo ordeno todo. No es indiferente para la educación de una persona la situación de la familia o la posición que uno ocupa en la familia. Nací en el año 1918 y la situación económica de la familia no era la misma que cuando se educó mi hermano Pepe; se educó en los Jesuitas en Santo Domingo de Orihuela que es donde se educaba en aquel momento la gente pudiente.

Recuerdo mis primeras letras en las Carmelitas, que entonces estaban en la calle Abad Pons. Mi compañero de entonces era Luis Torres Fenoll, gran amigo de toda la vida con el que no he perdido la relación, ni la confianza.

En aquella época vivíamos en la calle Pi i Margall, después Calvo Sotelo y mis amigos de jugar en la calle eran Antonio Orts, el arquitecto y Pepe Orts, los Galán, los Marhuenda..., todos eran amigos y vecinos de casa, grandes compañeros de la infancia.

De las Carmelitas pasé a la escuela de la calle Conde, el colegio de Ntra. Sra. de la Asunción. El maestro de la escuela, que estaba ubicada en una vieja casa, se llamaba Martí. En un patio interior guardaban el carbón y los chicos veíamos pasar entre los trozos de carbón unas ratas como conejos. Allí estudié Bachiller. Con la perspectiva del tiempo vemos que muchos de entre nosotros fue gente brillante que hizo buenas carreras, ejercidas de forma correcta.

Hice el ingreso libre para entrar en el Bachillerato, a los diez años en Alicante y me traje la papeleta con un suspenso, mi único suspenso en el expediente. Cuando legué a casa mi hermana María me dijo: “quina llástima, este xiquet no serveix per a estudiar”.

D. José Pascual Urbán, el Director, era un personaje en todos los aspectos. Muy nervioso. Tanto él como su hermano no podían estar quietos. Era el año 1928 y pagábamos un duro al mes. Empezamos en la calle Conde y después nos trasladamos a la casa noble del Duque de Béjar, donde ahora hay oficinas del Ayuntamiento. El colegio se llamó del Ave María. El profesorado era magnífico. Había dos cursos antagónicos. El curso de los mayores formado por Gloria Miñana, Paco Vives, Paco García, las hermanas Orts, Juan Bañón, Carlos Lozano. Eran muy serios y estudiosos y de tres a cuatro años mayores que yo. El grupo de los pequeños era muy calamitoso, Pepito Ruiz, Jaime Brotons, etc. Desertamos y nos comprometimos a que el profesorado dimitiera. No estudiábamos en absoluto. Al final, el profesorado dimitió. Nos poníamos de acuerdo, teníamos nuestras consignas, por ejemplo “hoy toca no contestar a nada a ningún profesor, aunque sepamos lo que preguntan”. El profesor D. Pepito nos expulsó a todos y no nos saludó durante muchos años. A mí en particular no me saludó hasta que acabé la carrera. Tengo unas notas del colegio en las que pone: conocimientos nulos, lecciones sabidas ninguna, es una completa nulidad, no debe gastarse ni un solo duro con él. Pero mi padre era el sentido común y decía que la inteligencia no despierta tan pronto y que es una tontería que un niño de doce años tuviera que aprenderse un “mamotreto de Física y Química”; A los niños no hay que obligarlos demasiado, “tienen que jugar”. D. José Pomares como profesor era una calamidad. Había un gran desajuste entre su capacidad y la nuestra. Quería impartir unos cursos de nivel universitario entre unos muchachos que no teníamos ninguna preparación. No descendía al nivel de los alumnos y no le seguíamos. Otro profesor era D. José Picó Ripoll, que sabía explicar. La Geometría y el Álgebra eran sencillas con él. Sabíamos sin estudiar y lo poco que sabíamos, lo sabemos muy bien. D. Rafael Ramón explicaba literatura. D. Rafael le dio una gran bofetada a Manolo Galán, crío incordiante que hacía muecas para molestar a D. Rafael, cura joven y fuerte. No se abusaba de los malos tratos. Los profesores tenían una gran paciencia y éramos nosotros los que abusábamos de ellos. D. Joaquín Ruiz “el tío Quino” era una institución de Elche, Con él  estudiábamos Gramática castellana en valenciano. Nos decía “una zafa i una novia safanoria, una teula y iuna i teulaí”. Estudiamos tres cursos de Bachillerato en el colegio, pero D. José Pascual nos llevaba al instituto de Benalúa en Alicante para examinarnos libres. Recuerdo como anécdota que Carlos Antón Torregrosa, muy animal, simulando el asesinato de Canalejas con una pistola detonadora con un tapón le disparó por la espalda al catedrático José Romero, que acababa de suspenderlo de Aritmética.

El instituto lo trajo la República, después desapareció durante el Franquismo, cosa que yo recriminé al alcalde Vicente Quiles. No me gustó porque me contestó, no con palabras, sino con malos gestos: es gente acostumbrada a mandar a los obreros de las fábricas, a los empleados del Ayuntamiento, pero a mí me molestó y lo tomé como una muestra de muy mala educación, aunque no tengo nada contra él.

Terminamos el Bachillerato Elemental (tres años) y aún faltaban otros tres cuando se abrió el Instituto de Elche, en 1932. Vino a Elche un profesorado de una categoría extraordinaria. D. Joaquín Belta explicaba Agricultura; Luis Castaño era un docente de primer orden, con la Física y Química que me explicó en Bachiller yo saqué matrícula de Honor en la Facultad sin estudiar; Dª.  Dionisia Masdeu catedrática de Dibujo; El Latín se me daba muy mal y un compañero de Crevillente que venía en bicicleta todos los días a clase estaba muy “puesto en latín” y me ayudaba en las declinaciones cuando el profesor me preguntaba. Un día mi amigo enfermó y mi traducción del latín fue un desastre; el catedrático se extrañó, “¡¿cómo ha hecho usted tan mal el examen, con lo bien que me contesta todos los días en clase?!”. Yo agobiado no podía decirle que lo que él veía en clase era “la cara del crevillentero”. Para aprobar me aprendí las fábulas de Efeso de memoria.

En conjunto era un profesorado que tenía formación, vocación y calidad humana. Donde también encontré mucha gente de calidad fue en la universidad.

El Instituto despareció después de la Guerra, porque el Franquismo hizo depuración (“quítate tu que me voy a poner yo”) en el socialismo también veo algo así. Esa depuración afectó mucho  a los profesores y  a los maestros que fueron en su mayoría separados del oficio por su ideología de izquierdas.

Cuando se acabó la guerra en Elche no había Instituto. Mi hijo Juan tuvo que ir a estudiar a los Jesuitas de Alicante porque en Elche no había ningún centro que reuniera las garantías necesarias para poder estudiar y terminar Bachillerato. Mi mujer increpó a D. Luis Chorro, alcalde de Elche, porque no promovía las condiciones necesarias para que en Elche se creara un Instituto.

Después de la Guerra había un colegio dirigido precisamente por D. Luis Chorro y parece ser que D. Luis no tenía demasiado interés en que Elche tuviera Instituto público y permaneció unos diez años sin él.

Yo distingo igual que distingue todo el mundo entre instrucción y educación, se puede ser educado y poco instruido, o se pueden saber muchas matemáticas y ser un mal educado; de hecho en España determinadas carreras adolecen de falta de formación humanística, por ejemplo las ingenierías, los peritajes...

Mis padres estaban con mi hermano mayor. Yo era el sexto y pasé totalmente inadvertido, lo cual me colocaba en una situación muy cómoda. No se deben poner trabas al destino de nadie, ni juzgar prematuramente, a pesar de haber obtenido algunas observaciones negativas por parte de los profesores, como ya he comentado antes. Mis padres tuvieron el sentido común de no dramatizar y no darle demasiada importancia. Esa anécdota se la he contado muchas veces a mi hija Isabel y siempre la ha tenido en consideración, le ha servido como docente, yo acabé siendo Premio Extraordinario de Licenciatura contra todo pronóstico.

A los dieciséis años terminé el Bachiller y decidí estudiar Medicina, no amaba la Medicina porque no la conocía; las vocaciones son tardías; es muy raro encontrar cosas en los que chavales muy jóvenes tengan claro lo que quieren estudiar y es por ello por lo que encontramos grandes profesionales de aquellos que fueron estudiantes mediocres que acaban amando su carrera. Cuanto más conoces una ciencia más la amas. En otras ocasiones “grandes vacaciones juveniles” acaban en un rotundo fracaso profesional. Hay de todo.

Mi hermana Asunción, que me lleva once años, se casó con un ilicitano y se fue a vivir a Valencia donde pusieron un almacén de calzado. Esto me dio la posibilidad de marcharme con ella; tenía hospedaje asequible teniendo en cuenta la situación económica de mi familia, que en aquellos días no era muy buena.

Por otra parte las ciencias se me daban bien, así que decidí comenzar Medicina. En el curso 1934-1935 comencé. El edificio de la facultad primitivamente era un manicomio que hizo el padre Jofré para dar cobijo a todos los locos de la ciudad de Valencia. El edificio en sí sólo tenía de particular una escultura en la fachada principal y un anfiteatro anatómico, al estilo de la época, con su graderío, que comunicaba con la sala de disección y la sala de profesores. Ahí mismo explicó Ramón y Cajal.

La primera vez que fui a la Facultad entré a la Sala de disección. En aquel momento llegaba un furgón con el cadáver de una viejecita destrozada por el tren. En aquel momento me replanteé si debería volvérmelo a pensar y no matricularme en aquella carrera. Decidí seguir adelante  después de habérmelo pensado dos días.

Del conjunto de la facultad y del Hospital Provincial, que a la vez lo era de la facultad de Medicina se cuentan muchas anécdotas: Un catedrático de Terapéutica, D. Perfecto Amor, hombre de izquierdas como correspondía a la época en que fue catedrático, cuando comenzaba a explicar a las diez de la mañana oía el toque de campana llamando a misa  de la Iglesia vecina. D. Perfecto interrumpía la lección de cátedra y decía: “¡Veinte siglos llevan estos católicos y todavía necesitan que se les recuerde cuando han de acudir a la Iglesia!”

Éramos tres compañeros de Elche: Andrés Brú, Basilio Paredes Gómez y yo. A Basilio le pagó la carrera un sacerdote.

La universidad de antes de la Guerra representa la Edad de Oro de la Universidad Española. Esto lo he visto a tiempo retrospectivo. Tenía prestigio, en general, solera y no se regalaban los aprobados, se lograban con sumo esfuerzo. Pero particularmente en la Universidad de Madrid no ocurría así por el hecho de carecer de alumnos y querer mantenerla abierta se rebajaba el nivel de exigencia. A Murcia iba mucha gente a conseguir la Licenciatura de Derecho. Hoy en día lo importante de la Universidad es que sirve para que te den un papel firmado que te autoriza a ejercer una profesión que desconoces y la posibilidad de que tú la aprendas en otro sitio. Ése es el concepto que ahora tengo.

En la Facultad de Medicina hubo varios catedráticos que retrospectivamente comprendes la influencia que ejercieron sobre ti. D. José Puche Álvarez era un catalán profesor de Filosofía, muy liberal, de Izquierda Republicana y de gran categoría moral y científica. Toda la Universidad sentía por él el mayor de los respetos. Era íntimo amigo y compañero de claustro de D. Juan José Barcia Goyanes, catedrático de Anatomía. Éste era un neurólogo de primerísima categoría quien a pesar de ser muy joven explicaba una neurología clara; los fundamentos de Anatomía neurológica que D. Juan José me dio me han servido como base en mi carrera profesional.D. Juan José era hombre de misa diaria, de inmensa cultura, conocía a los místicos y sabía versos de Santa tersa. Haber estudiado Anatomía con él era certificado de saber materia.

Puche era amigo de Negrín, jeje de Sanidad del Ejército republicano, nombrado por Negrín. Cuando vino el desastre de la guerra esta gente se marchó al extranjero. Negrín estuvo exiliado en Méjico y precisamente parte de dinero que se mandó del oro español a Méjico para Negrín estaba consignado  a nombre de D. José Puche. Pero cuando éste fue a recoger el dinero ya se lo habían llevado sus “amiguetes”.

D. José Puche Álvarez explicó Filosofía en la Universidades hispanoamericanas y pasó hambre y calamidades. Esto lo sé porque D. Joaquín Candela, ayudante de Filosofía de D. José en la Universidad de Valencia, me lo contó. D. Joaquín Candela, padre del médico del mismo nombre mantuvo relaciones epistolares con D. José Puche. Murió en el exilio pidiendo que le enviaran el matabolímetro que tenía en su antigua casa,  a pesar de que éste tenía escaso valor, él lo necesitaba por aprietos económicos.

¿Cuál era el ambiente de la Universidad?

En 1934 el ambiente era bueno. Éramos un curso numeroso. Dábamos unas asignaturas que se llamaban Complementos: Física, Química y Biología se daba en la antigua Universidad, frente al Patriarca. Mi medio era muy limitado, se limitaba a la Universidad y a la facultad. El estudiante de aquella época no estaba demasiado politizado. Fuimos a alguna manifestación a pedir Gibraltar para España.

En mi casa no hemos sido políticos, pero no ha sido algo ajeno a mi vida, nada es ajeno al hombre cuando está en el mundo, en la última etapa de mi vida me he politizado mucho, leo, medito, pongo en orden algunas cosas del pasado después de que hayan transcurrido muchos años. Cuando realmente he tenido tiempo.

Las asignaturas de la Universidad me resultaron muy sencillas, mucho más que las del instituto. Aunque ahora si tuviera que volver a estudiar la Anatomía que yo estudié ¡no sería médico!, es una materia que cuesta mucho de aprender y luego se olvida enseguida. A lo largo de la profesión se va recordando lo que es necesario para conocer la clínica y la aplicación que tiene.

En Valencia se estudiaba Medicina en seis años, mientras que en Madrid se necesitaban siete años. Paco García, esposo de Gloria Miñana, me influyó negativamente para que me dejase la Bioquímica de primero para septiembre. Él llevaba ya tres años matriculado y no había conseguido aprobarla. Le hice caso y me vine en verano de 1935 a casa. Compré todos los libros de Bioquímica que encontré y me los estudié todos, era verano, estaba de vacaciones y no tenía nada que hacer, no tenía sentido de la medida porque no había ido a clase.

Me examiné  en septiembre en primera vuelta y me dieron Matrícula de Honor. Paco García aprobó a la tercera. Tenía mucho sentido común y administraba muy bien lo que sabía ¡que no es poco!, era muy amigo mío; Para otros médicos el error no existe, no se equivocan jamás, el que se equivoca es el enfermo, ¡hay enfermos que se equivocan!, que no han sabido cumplir con la etiqueta que el médico le he puesto; De esos he conocido varios pero no era el caso de Paco, hombre de gran honestidad y sentido común. En el segundo curso no hubo incidentes, pero en las vacaciones de Pascua la situación en Elche comenzó a empeorar. Mucha gente llegaba a Valencia desertando de Elche para evitar que los mataran.

Cuando vino la guerra yo había acabado segundo curso, que en otras Facultades correspondía al tercero, Me quedó una asignatura para septiembre del 36 que era Histología. Tuve mucho tiempo para estudiar y si hoy mismo me tuviera que examinar sacaría matrícula.

En septiembre de 1936 no hubo exámenes y cuando vino Franco en el año 39 había que “liquidar” aquellos exámenes que no se habían hecho. Aprobé la Histología. Se hacían “exámenes patrióticos”, la consigna era aprobar a todo el mundo, aunque no abriera la boca en el examen oral, para que se pudieran continuar las carreras y no se paralizara la vida académica. A mi compañero Basilio Paredes le vino muy bien porque llevaba la “intemerata” de asignaturas suspensas.

Se plantearon cursos intensivos, comenzaban en octubre hasta finales de febrero y desde marzo hasta finales de julio. Hice tercero y cuarto, ¡en mi vida había estudiado tanto! Había perdido el hábito de estudio y había olvidado algunas cosas fundamentales que tienes que retomar después de tres años para continuar.

Tercero de Medicina era un curso de transición entre las Anatomías, lo básico y las asignaturas preclínicas, la Patología General; Era un curso muy pesado. La gente huía de Valencia, de la Terapéutica y de D. Vicente Bellod y se marchaban a otras universidades. Tuvimos suerte de estudiar con unos buenos catedráticos, que intuían principios que unos años más tarde se descubrieron: los antihistamínicos y las sulfamidas.

En julio de 1936 acabé de examinarme de Anatomía II y de Fisiología II. Me vine a Elche, ciudad a la que no había regresado desde las Navidades del 35. Vine el 15 de julio y el 18 de julio me fui a la barbería de la calle Solares y allí escuché un comentario: los militares se habían levantado en África. Me fui a casa y mi padre me tranquilizó diciéndome que no pasaría nada, “algaradas de militares sin trascendencia”. Pero cada día que pasaba era mucho peor. Fue un capítulo de mi vida de difícil explicación. Ese día cumplía dieciocho años y medio. Pienso que todo se ha contado mal por parte de todos y que se ha hecho uso y abuso de la Guerra y del color de la chaqueta; se han instrumentalizado los muertos. Fue real, se asesinó sin medida. Nadie respondió de ello, pero en Elche hubo más de cien “paseados”, sacados de la cárcel y dejados con un tiro en la nuca en las cunetas de las carreteras. Para mí esto es fundamental, la pérdida de toda garantía sobre la vida e incluso el miedo a llevar luto por el marido o familiar asesinado porque aquello estaba calificado de fascista. ¡No se podía llevar ni luto! Unos llamaban a los otros rojos y los otros a los primeros fascistas. Me marcó para siempre a mi edad y con mi inexperiencia ya que la muerte gratuita sólo inspira estupor y rechazo. He tenido el mayor respeto a la vida y esto ha inspirado mi conducta y mi condición de médico, por ello, no lo comprendo. Esto más que nada motivó una actitud negativa antes una guerra que no vino porque sí sino en virtud de una situación que la propició. Cabe resaltar el vandalismo de la quema de las Iglesias y conventos el 20 de febrero del 36 en Elche.         Para mayor oprobio Santa María se utilizó como garaje. Milicianos, comisarios políticos, camisas viejas,...fueron términos que nos acompañaron durante toda la guerra. La guerra acabó en el 39, pero la historia siguió adelante, pero pasan los años y aún ahora, para mucha gente mayor, la guerra no está olvidada, sigue vigente. No en vano, Unamuno habla de que una guerra civil dura tres generaciones.

Hubo un momento en la transición en que parecía que se enterraba el hacha de guerra. El bando que perdió la guerra con las armas, en el año 1982 ganó una guerra política. Se la han cobrado: todo el mundo ha encontrado motivos para cobrar una paga del Estado; han salido a recluir funcionarios separados del oficio, jefes, oficiales del ejército...nada cobraron los llamados nacionales voluntarios y menos el sufrido pueblo, el soldado, lo que pone en evidencia el concepto de clase: la clase dominante y la clase dominada, los que tiran del carro y los que se suben al carro. Siempre es igual...Ahora se habla si se tiene carné del partido...

Miedo se pasó mucho. Todos nos sentimos amenazados. El no haber hecho nada no era garantía. Había que tomar partido. Yo tenía dieciocho años y me encontré en el frente rojo. Me preguntaban, ¿por qué no se pasó de bando? En esta irracionalidad que fue la Guerra Civil el salvar la vida fue muchas veces más fruto de la casualidad que otra cosa. Ha habido gente, como yo, que no se comprometió con ninguno de los dos bandos, lo que originó situaciones difíciles, otros sirvieron con entusiasmo a los dos bandos y les fue bien. Siempre ha habido personas hábiles y con gran capacidad de adaptación. Yo me incorporé a las filas en mi quinta, en la Caja de Reclutas de  Valencia por consejo de mi padre. Mis amigos de Elche o fueron a la cárcel o fueron asesinados o al Batallón Elche. Algunos muertos en el frente adonde fueron “voluntarios” porque desde la cárcel les ofrecieron la libertad a cambio de ir al Frente, como por ejemplo Gervasio Torregrosa, Mariano Pérez, el de la “Fabriqueta”, que fueron tristemente asesinados. La madre de Gervasio no volvió a salir viva a la calle tras el asesinato de su hijo. Dª María Vives, madre de Mariano Pérez tampoco volvió a salir de casa hasta que se murió. Se vistieron de negro y no salían ni para ir a la Iglesia; yo las he visitado, como médico, en sus casas.

Triste historia la del “Batallón de Elche” de voluntarios rojos. Yo atendí a algunos heridos de este Batallón en los llamados “Hospitales de Sangre de Elche” en el otoño de 1936. Estaban terminando los “paseos” y se le quería dar cierta legalidad a todo el desastre que ocurrió aquí, entonces se pusieron en marcha “los Tribunales Populares” y para darles cierto aire de legalidad, los tribunales estuvieron presididos por Comisarios Políticos.

Tras la detención de mi hermano Pepe (y su cambio de bando, cosa que ya he contado) estábamos resentidos. La gente nos preguntaba por él y yo ante la curiosidad de la gente decidí recluirme en mi casa, estábamos marcados por esa situación familiar ya que Pepe era muy conocido.

D. José García y D. José Doló, estudiantes de Medicina, fueron a visitarme. Todos estábamos convencidos de que vivíamos una situación política difícil, que no debíamos dejarnos ver en la calle y acordamos, ante la perspectiva de que la guerra se prolongara, ofrecernos todos los estudiantes de Medicina para colaborar en materia sanitaria y concretamente en los Hospitales de Sangre. Un hospital de sangre estaba en la casa de la Coral, en la Glorieta. Otro estaba en la casa de la Condesa (Jesuitinas ahora). Otro, en la calle Ancha. Otro en el paseo Francos Rodriguez junto a la casa de Antonio Brotons; era una casa señorial.

Aquí, a Elche, no llegaban heridos graves, ya que éstos no salían de Madrid; sólo heridas por arma de fuego, desde el punto de vista médico legal, las lesiones que producen a bocajarro tienen tatuaje. La pólvora sin quemar, a la velocidad en que se proyecta por el cañón del arma se incrusta en la piel y queda indeleble la desvergüenza del que se pega un tiro él mismo. Había, pues, muchos autolesionados. Lo sabíamos, pero nosotros no éramos más que unos estudiantes de medicina y no teníamos la intención de evidenciarlos. Además los autolesionados se vanagloriaban por haber dado la cara y haber sido Heridos en combate.

Muchos ilicitanos jóvenes se fueron con el Batallón Elche al frente, cargados con sus escopetas de cazar patos en el Hondo, totalmente inconscientes. El Batallón Elche mató a muchos “por detrás”, auténticos asesinatos por rencores particulares.

Empezó a hablarse de Rusia, el oro ruso. En Elche nunca se había hablado de ese país hasta que comenzó la Guerra Civil. Creo que empezó a soñar en el mundo a raíz de la guerra española. Esto elevó a Rusia a un rango de potencia que no había tenido hasta entonces.

Después me fui a Valencia y movilizaron a “mi quinta” con la Instrucción Premilitar. Acudí al cuartel de la antigua Alameda, delante de la Tabacalera y allí comenzamos a hacer instrucción; ¡soy el hombre que más instrucción ha hecho en España! si; ahora mismo, Me pongo ahí con una escoba, yo te pongo firme, presenten armas, rodilla en tierra, armas al hombro.

¿Y eso en plena guerra? Es curioso.

Sí, durante unos meses hicimos instrucción cuatro horas por la mañana y dos o tres por la tarde. Después, como todo llega, en el año 1938, tras la batalla de Teruel, a mi quinta nos tocó ir al frente de Teruel ya reconquistado por Franco. En la primera etapa fuimos a una base de instrucción en donde había tres mil hombres. Estaba situada en una población muy pequeña llamada Carboneras, en la provincia de Cuenca, al oeste de Cañete, Salvacañete. Allí hacía un frío de mil demonios. Llegamos en marzo del 38, pero a pesar de ello cayeron grandes nevadas y de casa en casa íbamos por un túnel de hielo. Son pueblecitos de montaña en los que las casas tienen pajar en el corral, mulos; sobre la cuadra techos de madera para que el calor de los animales proteja lo de arriba. Como las casas están en cuesta, en ocasiones se va a las bestias asomando por las ventanas del primer piso. A pesar del ambiente triste se percibía una gran solidaridad entre todos los soldados. Nos camuflamos en Sanidad de la base. Pero la cosa se complicó ya que detuvieron al capitán médico de la base y nosotros nos quedamos descolgados, solamente conocíamos a un “amiguete” en las oficinas de Comandancia llamado Aracil, un personaje que solía dominar siempre los hilos de la situación. De pronto trasladaron la base a Cañete. El grupo de “descolgados” éramos diez o doce soldados que no teníamos Brigada ni dependíamos de nadie. Aracil nos avisó de que no nos moviéramos de allí y que cuando él tuviera la posibilidad de encuadrarnos en unas listas y darnos un destino nos pondría en la rueda de la fortuna otra vez. Al cabo de unos días un chico valenciano, Andrés, vino a Carboneras y nos anunció que debíamos ir a Cañete, pero que debíamos entrar adelantada la noche porque había que pasar las guardias de la entrada del pueblo sin saber la consigna.

Andrés se “enchufó” en un camión de intendencia. Era el amo del camión. Todos los días hacía el recorrido. A mí me mandaron de médico de batallón al pueblecito de Salvacañete. Allí caí muy mal. En el mismo hospedaje donde yo residía vivía un teniente rojo, quien entraba a mi habitación, revisaba mi documentación, mi petate. Yo realmente estaba muy asustado y cuando entraba me hacía el dormido; sabía que me vigilaba y sospechaba de mí. Le conté a Andrés lo que pasaba y mi urgente necesidad de salir de Salvacañete, huyendo, desertando...¡como fuera! Andrés me recogió en su camión. Me dijo que en Manzanera se estaba formando una nueva Brigada. Y allí empezamos de nuevo. Aquella ya era una brigada concreta, la 195 Brigada Mixta. Brigada Mixta significa formada por milicianos y reclutados-regulares obligados. Las Brigadas Mixtas tenían comisarios políticos, el SIM (Servicio de Inteligencia Militar). Era impresionante ver cómo algunos hombres desaparecían tras ser llamados por los comisarios políticos y cómo al día siguiente nadie se atrevía a preguntar por ellos. Hasta es momento todo era huir, cambiar de sitio. Entonces fue cuando verdaderamente llegó la guerra, Nos llevaron al frente. ¡Ya no había salida posible! La carretera de Castellón se había cortado y nos llevaron a un pueblo de dicha provincia llamado Alcora. Una columna de camiones bajábamos hacia la costa de Levante y otra artillería subía hacia el frente. Vino la aviación, saltamos de los camiones, ¡era un espectáculo digno de ver si uno no tenía miedo! Vimos bombardear el puente y no nos podíamos defender porque no teníamos antiaéreos.

Estuvimos tres o cuatro días cercados, sin suministros, sin agua, sin comida...en Montanejos (Maestrazgo). Caminábamos de noche por caminos de herradura para incorporarnos a la carretera general y poder salir. Es muy triste ver heridos desatendidos en una artola (o camilla de montaña que va montada sobre los arneses de un mulo; en cada lado de los arneses hay una camilla). Se utilizaban mulos porque es el animal que más equilibrio tiene y mejor anda por la montaña. Los curas en la Edad Media no montaban en caballos sino en mulos.

Llegamos a la cuenca del Mijares. Los soldados no sabíamos dónde estábamos. Fuimos a Onda (Castellón). Tomaron Nules y precisamente en la carretera entre Onda y Nules teníamos el puesto de socorro de la brigada. Por allí no pasó, aquel día, ni una ambulancia, ni un soldado ni nadie. Todo el día teníamos encima la aviación, que no eran mas que dos “aparaticos” pero ¡el miedo era inconmensurable!. Por la noche, a última hora apareció una columna del ejército de Negrín, descalzos, como solían ir, con un fusil cada uno, con los pantalones sujetos con cuerdas de esparto...Un oficial se presentó y nos aconsejó que nos marcháramos de allí. Desapareció media brigada, Fuimos a Villamarchante (Valencia) devastamos el pueblo. Partíamos melones verdes y los tirábamos. Éramos tres mil.

Tuve un permiso y vine a Elche, pero tuve al regresar un incidente con el SIM. Seguramente fue una denuncia de Elche. Fui a la central del SIM y llegué en un momento de confusión: me dejaron salir. Fui rápidamente a casa de mi hermana y le pedí que me ayudara a empaquetar mis cosas para irme al frente. Sabía que los del SIM iban a regresar a por mí y así fue. Al momento los tenía  a la puerta de casa pidiéndome que los acompañara. Les expliqué que me habían dejado marchar hacía una media hora y lo comprobaron. Dudaban pero logré convencerlos y marché al frente rogando a mi hermana que no les diera la dirección del frente ya que ellos no la sabían. Eran un peligro.

Terminó la guerra y pedí prórrogas para el servicio militar. Lo que me interesaba era terminar Medicina. Terminé la carrera en 1942. Entonces comenzaban las Milicias Universitarias. Todos aprobaron menos yo que tenía poco espíritu militar y tuve muchas faltas de escolaridad. Salí de milicias con la misma graduación que entré: soldado de segunda y en el año 1943, en pleno auge de la Guerra Mundial, Franco movilizó a mi quinta.

Me mandaron a Paterna a artillería de montaña, que tiene muy buen nombre pero consiste en  ir a las cuadras para atender a los mulos. Después pasamos al botiquín y el capitán médico nos dio todas las facilidades para que no tuviéramos que ir a diario.

De ahí me mandaron al Hospital Militar Base donde realmente me trataron muy bien y donde estuve bastante tiempo. Estando allí me enteré de que podía pedir un permiso cuatrimestral para estudiar. Pensé en matricularme de doctorado. Me vine a Elche tres meses y medio. No fui  a Madrid por varias razones, la primera por motivos económicos, que ya es bastante. Sólo fui a Madrid quince días antes de los exámenes. Como era Premio Extraordinario de Licenciatura tenía matrícula gratuita aplicada a todo lo que yo quisiera, lo cual era muy importante para mí. Me matriculé de todo lo posible y en Madrid elegí las asignaturas: Historia de la Medicina con Laín, Psiquiatría, con D. Carlos Jiménez Díaz y Vallejo Nájera, que fueron unos de los primeros catedráticos de España de la Especialidad de Psiquiatría. Había otra asignatura en la cual examinaban por test que era Psicología Experimental en la que obtuve sobresaliente con matrícula de honor, con gran sorpresa para mí. En la Facultad de Medicina presenté y leí la tesis en el año 1943.

Después me vine a Elche a descansar. Pero, no sé por qué venía precedido de una cierta aureola y a finales de verano de 1944, recién licenciado empecé a ver enfermos enseguida. Me encontré atrapado porque no tenía una base económica para liberarme.

Por aquel entonces Elche tenía unos 30.000 habitantes. El pueblo llegaba hasta el Corazón de Jesús. Reina Victoria era una calle corta. Detrás del Cuartel Viejo no había más que una trapería. Dr. Ferran sólo tenía dos o tres casas. Al sur, el pueblo llegaba hasta el Asilo. Por tanto yo hacía las visitas a pie. Éramos 21 médicos en el año 1944; muchos de ellos no ejercían. Yo recogí mucha clientela de D. Manuel Pascual Urbán que acababa de retirarse. D. Julio María López Orozco vino después.

En todas las profesiones se mezcla la política, la rivalidad, las rencillas. Cuando yo llegué las depuraciones políticas habían acabado. D. José Pomares, D. Rafael Espuche, D. Jerónimo Sánchez y Salvador Carrión, eran compañeros de profesión. Carrión tenía un carácter introvertido. Sus compañeros le hacían el vacío. Había una guerra sucia entre ellos.

Fui el médico de D. Julio Mª López Orozco, él me quería mucho y yo a él también. Las costumbres médicas de aquella época se han perdido por completo. En cincuenta años la Medicina ha cambiado mucho técnicamente y la sabemos, como decía un catedrático mío, entre todos los médicos, ningún médico sabe toda la medicina. Era costumbre realizar consultas médicas con colegas, la reunión de dos profesionales de la Medicina; ante determinados enfermos el médico jamás se quedaba solo y ofrecía a la familia la posibilidad de consultar con otro médico. He tenido con D. Julio infinidad de consultas.

En una ocasión ante un enfermo terminal nos reunimos en consulta D. Julio y yo; pero la familia quiso traer de Alicante a otro consultor que hablaba sin parar y sin sentido. Don Julio sin interrumpir lo dejó terminar y cuando se marchó pregunté a D. Julio qué le había parecido. Su respuesta fue que no había querido interrumpir la sarta de sandeces que había dicho el médico de Alicante para que terminara pronto, se marchara y nos dejara trabajar. Las consultas médicas son una forma muy corriente de trabajar; ahora desaparecidas.

La Medicina actual es admirable por el progreso técnico que ha tenido y la posibilidad de afinar un diagnóstico hasta extremos insospechados hace cuarenta años. Pero hay algo en lo que la Medicina no ha progresado, la relación médico-enfermo era mejor. Ahora, desde que el Estado interviene, y la gente tiene pseudocultura ilustrada, se cree con el derecho a exigir todo tipo de explicaciones médicas (“¿eso de qué viene?”). Los familiares de los enfermos deberían dar un margen de confianza y de autoridad al médico. Falta la confianza en el médico. Vivimos en una época en la que se busca la descalificación para justificar el fracaso del Estado o su propio fracaso.

La caridad y la bondad se ganan. Hoy enfermos y familias que están ahí para que los demás podamos entender lo que es la bondad en sí, lo que es la aceptación de la desgracia y por ellas sientes un respeto enorme. Pero hay mucha falta de bondad, la curiosidad ajena, el cotilleo...comprobar cómo son numerosísimas las visitas que recibe el enfermo en los comienzos de su enfermedad, la gente quiere verlo, estar al corriente, tener datos recientes al día; sin embargo, cuando la novedad acaba ya nadie asoma la cabeza para acompañar al enfermo.

Cuando D. Julio murió era muy mayor. Gran persona y médico muy preparado. En una ocasión D. Manuel Pascual Urbán, que era presidente de la Cofradía del Nazareno, una cofradía siempre ligada a médicos y sanitarios en general y le pasó un recibo al penitente D. Julio Mª Orozco. Y el penitente escribió una contestación al dorso del recibo y se lo devolvió al Presidente de la Cofradía. La contestación, en verso; decía así:

“Este Urbán es un guasón

me llama penitente y sabe

porque lo dice la gente

que yo soy un masón”

            D. Julio fue un hombre de su época, masón. En un entierro contó que el Dr. Esquerdo, psiquiatra, de quien era gran amigo D. Julio, alguien le preguntó si tenía que ver algo con los masones. El Dr. Esquerdo respondió que él no tenía trato con los internos y que no se preocupase por los masones, que a esos se les internaba en el psiquiátrico y que respondían al tratamiento.

            Ruíz Rey, que ejerció la psiquiatría aquí en Elche dijo algo que aún está vigente: “a los enfermos que no sabemos lo que tienen, encima de que no sabemos cuál es su enfermedad, los insultamos y los llamamos neuróticos”. Pero ese neurótico al cabo de seis meses se muere de un cáncer como una catedral. Recuerdo algo muy duro pero, mejor apaga la grabadora… .

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