Rafael Altamira y Cravea escribe sobre Elche (1905)

Breve reseña: 

 

ALTAMIRA Y CREVEA, Rafael (1905), Derecho consuetudinario y economía popular de la provincia de Alicante. Madrid

Monografía: 

II La familia.

“En algunos pueblos (Elche, v. gr), es costumbre que el novio cene los domingos en casa de su prometida. Los naturales de la localidad atribuyen este hecho á la circunstancia de que, estando alejadas unas de otras las viviendas por la dispersión de los pobladores en el campo, el novio no tendría tiempo para ir á comer á su casa y volver á reanudar su cortejo, dado que las horas dedicadas á éste son, por lo general (en los días festivos), de tres ó cuatro de la tarde hasta las diez ú once de la noche (...)

No obstante el individualismo característico de los pueblos levantinos, los padres suelen intervenir en el noviazgo por motivos análogos á los que hacen su intervención muy señalada en Cataluña y en el alto Aragón. Sirva de ejemplo el campo de Elche. En cuanto la familia se apercibe de que hay un pretendiente, previenen á la moza para que no se decida ni dé contestación de ningún género hasta conocer la posición del solicitante. Si éste no es de la vecindad, ó, siéndolo, no lo conocen bastante los padres, se abre al efecto una verdadera información, con el fin de averiguar el estado económico, condiciones y carácter, no sólo del candidato, sino también de su familia. Si los informes obtenidos son favorables, los padres de la muchacha solicitada dan su permiso para que ésta acepte las relaciones y el novio pueda entrar en la casa. El noviazgo ó festeo suele durar un año, al cabo del cual proceden los padres del novio á la petición formal de la chica (...)

En Elche, al verificarse la petición ya mencionada de la novia, el padre del novio regala á aquella una cantidad en dinero. Cuando aún circulaba con profusión la moneda de oro, esta cantidad se entregaba en onzas (...) La donación de la camisa bordada y planchada subsiste en Elche (la novia a su futuro).

En punto á los gastos del establecimiento en la nueva casa, las costumbres son variadas. En Villena, la mujer es quien compra los muebles, y lo mismo ocurre en Sax, Aspe, Monóvar, Novelda y Elche.

La costumbre, muy general en las poblaciones labradoras de todos los países latinos, de dividir los bienes en vida del padre, y cuando éste llega á una edad avanzada, en que necesita descanso, anticipando así el momento de la herencia, ha sido, hasta hace poco, muy usada en toda la provincia, y aun hoy se conserva en no pocos sitios: la parte montañosa de la Marina, Pego y campos de Monóvar, Novelda, Elche é Ibi (...) En Elche también se reserva el donante una renta, señalada sobre cada una de las porciones repartidas entre los hijos, y para seguridad de su cobro se hipotecan esas porciones. Igualmente es costumbre,  cuando el padre fallece antes que la madre, hacer la división de la totalidad de los bienes de la casa, señalando una pensión á la viuda y con garantía de hipoteca, en la forma mencionada (...)

En Elche (como en la Albufera de Valencia), las familias acomodadas del campo tienen en la villa un apeadero ó habitación alquilada, donde llevan á sus enfermos graves, para que puedan ser asistidos convenientemente; género de prevención explicable en poblaciones diseminadas, que carecen de botica y de médico muchas veces y en que no pueden fácilmente ayudarse los vecinos de un modo permanente.

III Arrendamientos

La forma más frecuente es la aparcería á medias. Así se ve, particularmente para las viñas en Villena, Ibi, Aspe, Monóvar, Novelda (en secano), Elche, Alcoy y sus alrededores, Pego y caseríos del monte Aitana. Pero las especialidades, muy interesantes algunas, de cada localidad, exigen que detallemos las costumbres una por una (...)

Elche.- La forma más general del arrendamiento de tierra es la ordinaria, con pago de renta en dinero y en dos plazos: uno por San Juan ó San Miguel, y otro por Navidad. Las tierras blancas ó sin arbolado, vencen en la primera fecha (24 de Junio); las plantadas de viña, almendros ó higueras, en 29 de Septiembre. El precio por tahulla oscila, según la calidad de la tierra, de cinco á veinticinco pesetas. Son frecuentes las haciendas de 200 á 300 tahullas, con habitación para el colono y dependencias para cuadras y ganados.

En los huertos de palmeras se usa el arrendamiento del arbolado con independencia del suelo. Este se lo reserva el dueño, y arrienda la cosecha de dátiles por un tanto alzado. Lo mismo se hace con los granados é higueras. En el caso de arrendamiento de fruto, se suele hacer por subasta y en pujas á la llana en el mes de Octubre, época en que empiezan á maduras los dátiles. En este caso, el postor que se queda con la cosecha se limita á recogerla de los árboles cuando está en sazón.- Otras veces se arrienda el huerto entero con todos los productos (dátiles, palma, madera para hacer bastones) por un tanto alzado y mínimum de cuatro años, con fianza. El pago se hace por semestres vencidos (San Juan y Natividad).

El terraje se aplica á las tierras blancas dedicadas á cereales, pagándose en especie: tres de cada cinco ó dos de cada siete cahíces de trigo para el dueño, según la productividad del terreno.

Las viñas se dan á medias.

En los terrenos carrizales ó pantanosos se una forma de arrendamiento exigida por la misma condición del suelo. Empiezan los dueños por concederlos gratis, para que el colono los reduzca á cultivo, cosa que requiere gran esfuerzo. El plazo suele ser de siete á nueve años. Una vez transcurrido, y cuando empieza á producir la tierra, se dividen por mitad los frutos durante cierto número de años.

Algunos propietarios exigen para el arriendo fianza hipotecaria, y otros personal. La primera, que se aplica á las grandes fincas principalmente, choca en la mayoría de los casos con la falta de medios de labradores, quienes, por lo común, no poseen bienes que dar en hipoteca.

Hay tendencia á perpetuar los contratos sin renovación. El plazo ordinario es de cuatro á seis años.

Los anteriores datos, de mi información particular, coinciden en lo esencial con los expuestos hace algunos años por el perito agrónomo D. Cayetano Martínez Mas en su folleto Costumbres locales sobre arrendamientos de fincas rústicas. Pero como éste señala algunas particularidades interesantes, me creo obligado resumirlas aquí para completar lo concerniente á Elche, limitándome á las que no va ya indicadas en los párrafos anteriores.

En los arrendamientos á plazo fijo y renta alzada, hay dos modos de fijar el precio: por tahullas (tanto por tahulla), y por la finca entera, sin consideración á su cabida exacta, clases de tierras ni plantaciones. El tiempo para el pago puede ser: adelantado ó año de fianza al firmarse el contrato; un semestre adelantado ó de fianza, que consiste en pagar la mitad del arrendamiento en Diciembre, y la otra mitad en Junio; año completo que finaliza en Junio (forma usada en las tierras de cereales); año vencido ó ‘a los frutos’, dividido en dos plazos: el primero en Agosto ó Septiembre, y el segundo en Diciembre ó Marzo. El año agrícola termina en Junio para las sembraduras; en Septiembre, ó al recoger los frutos, en las plantaciones.

Si se estipula que durante el arrendamiento se han de plantar nuevos árboles, lo más común es que el abrir los hoyos sea por cuenta del arrendatario y los pies por cuenta del dueño. Si el primero carga con todos los gastos, se le abonan, según tasación pericial, al terminar el contrato. La viña la planta casi siempre el dueño, y entonces descuenta al colono la parte de la renta correspondiente al trozo de tierra ocupado. Si hace la plantación el arrendatario, se le abonan los gastos cuando su contrato no pasa de cuatro años (á contar desde el momento de la plantación); si excede (seis ú ocho años), se considera que le resarcen de ellos los frutos.

No suelen ser objeto de arrendamiento las plantaciones de olivos y granados. Para la alfalfa, que requiere labores especiales, se exige el permiso del dueño, quien se reserva el derecho de inspeccionar la siembra.

Si algún árbol de los existentes en la finca se seca ó es derribado por el aire ú otro accidente, y hay que arrancarlo, la costumbre general es de dividirlo, correspondiendo el tronco y ramas principales al dueño y el resto al colono.

Las plantaciones de palmeras las hace el arrendatario, á quien abona esta mejora el dueño al terminar el contrato.  Como una de las principales utilidades de la palmera es la obtención de las palmas blancas para el Domingo de Ramos, se estipula por lo común ó se sobreentiende, como uso de la localidad, que el arrendatario no ha de atar, para palma blanca, palmeras hembras ó que no hayan señalado, y que el último año del contrato no atará las que no puedan cubrirse con su propio ramaje.

En los contratos de aparecería de fincas grandes (contratos que suelen hacerse por escrito), las condiciones más comunes son: un tercio de las sembraduras y un medio del fruto de plantaciones para el dueño, en los terrenos de regular producción. En los inferiores, se aumenta la parte del colono, y en los de primera se divide la cosecha por mitad.

Como en todo caso es característico de la aparcería el pago en especie de lo que corresponde al dueño, puede éste percibirlo, tratándose de cereales, ya en garba (antes de trillar), ya en grano. Si en garba, el dueño costea la soga para atar los haces; si en grano, el aparcero ha de entregarlo limpio, resarciéndose con la paja del gasto de la trilla. Si se trata de frutos de árboles, la costumbre es como sigue: los higos, secos; las almendras y algarrobas, soleadas unos días en la era ó safarich; la uva, en vino, y la aceituna, reducida á aceite.

Respecto de las plantaciones nuevas, ofrece especialidades la de viña. Si la hizo el dueño, el aparcero paga la mitad de las labores de cava. También es obligación suya, durante los tres primeros años, la replantación de cepas, si no pasa de la cuarta parte del número total.

En algunos contratos se estipula que el aparcero ha de fomentar la cría de conejos y aves e corral. El dueño entrega las piezas, el aparcero las cría y los beneficios se dividen por mitad. Es también muy frecuente que el colono se obligue á entregar al dueño un número determinado de gallinas ó pollos en ciertas épocas del año.

La regulación de los respectivos derechos al terminar el contrato es muy minuciosa é interesante. Si el arrendatario saliente deja barbechos, tiene derecho á sembrarlos, abonando el entrante el terrazgo.

El terrazgo consiste en el pago de una ava parte que, si no está fijada en el contrato se calcula, según el tipo de arriendo por tahulla, desde un noveno (arrendamientos más baratos) á un tercio (en los más caros).

En arrendamientos de huertos de palmeras, el arrendatario entrante se aprovecha de los frutos y mejoras del huerto, sean de la clase que fueren. En las demás clases de arrendamiento, son del saliente los dátiles, cañas y demás frutos que hayan nacido en el año último de su contrato.

Es obligación general del entrante dar habitación al saliente cuando éste vaya á recoger los frutos que le quedaron en la finca, y facilitarle la bodega y tinajeros para guardar los caldos de la última cosecha hasta la época en que es costumbre limpiar y preparar los envases para la siguiente. En cuanto los caldos se vendan (aunque no haya llegado la época indicada), el saliente dejará libre la bodega á disposición del nuevo arrendatario (...).