Historia de un incidente en las fiestas de agosto de 1984

Breve reseña: 

Un incidente entre los Moros y Cristianos y la Policía Municipal, el 10 de agosto de 1984

Monografía: 

Historia de un incidente, treinta años después (10 de agosto de 1984)

El día 10 de agosto de 1984 nos concentramos todas las comparsas de la Asociación Festera de Moros y Cristianos de Elche en la calle Gabriel Miró para desplazarnos a la iglesia de San Juan y celebrar el Bautismo de los Neófitos. Después del tradicional acto, estaba previsto realizar la Procesión Ofrenda a nuestra Patrona, la Virgen de la Asunción.

Iniciamos el desfile sin tener ningún agente que nos cortara el tráfico. Es por eso que llamé a la Policía y les comuniqué lo que estaba ocurriendo, ya que sufríamos un retraso fruto del tráfico que había en las calles.  Los coches andaban en la misma dirección que nosotros y en los cruces éramos los festeros quienes teníamos que ceder el paso a los vehículos. En ese momento, y debido al retraso por la desatención policial, comencé a temer un encuentro fortuito que terminó por ocurrir.

Transcurría el desfile y de momento oímos las sirenas de los coches de Policía y los Bomberos. En ese instante faltaba por pasar parte de la Comparsa Musulmanes y nos encontrábamos en el cruce entre el Puente de Santa Teresa (Puente de la Virgen) y la calle Santa Ana, vía por la que circulaban los bomberos y la policía, ya que el Parque de Bomberos estaba situado entonces detrás de la Iglesia de San José. Las sirenas, que normalmente anuncian una urgencia, en aquel momento eran fruto de una falta de entendimiento.

Previniendo lo que pudiera ocurrir, yo me encontraba en este lugar, en el cruce, acompañado por unos amigos de mi confianza y de varios festeros. En primer lugar apareció un coche de la policía con dos agentes. El vehículo, sirena en marcha, comenzó a pitar. Seguidamente los agentes, tras bajar de los vehículos, nos empujaron para que les dejáramos pasar. Fue en ese momento cuando se les dijo que esperaran un momento que el desfile estaba concluyendo y que faltaban escasos minutos para terminar.

En ese instante fue cuando, fruto de la tensión, comenzaron los empujones, los revolcones y aparecieron varios policías más que, porra en mano, nos convencieron para que les dejáramos pasar.

Ningún festero resultó herido o lesionado durante el rifirrafe. Casualmente, dos de los guardias acudieron a la Casa de Socorro a curar sus heridas y, de paso, conseguir un parte por lesiones.

Yo me dirigí al Palacio de Altamira para hablar con el alcalde, pero no se encontraba allí; estaba en un helicóptero volando sobre la ciudad. No fue el caso de varios concejales de la Corporación de entonces, a los cuales, tras encontrármelos, les dije lo que pensaba de todos ellos y el concejal de Orden Público mandó en ese momento a dos policías para que me detuviesen y me llevaran a la Comisaría de la Policía Nacional.

Yo iba con mi traje festero y, al llegar a Comisaría, me encontré con el comisario jefe, el señor Fandiño, y me dijo: “¡Hombre! Ya tenemos a uno que nos va a invitar, pues este está de fiesta”. A lo que yo contesté que me traían detenido.

Este relato no es más que el transcurso de unos acontecimientos que, debido a un simulacro premeditadamente puesto a la misma fecha y a la misma hora que uno de nuestros desfiles, provocó una confrontación entre los festeros y los agentes del orden aquel 10 de agosto de 1984. Un incidente evitable por parte de las autoridades municipales que no tuvo por qué haber ocurrido.

Todo incidente tiene unos antecedentes. Una historia que comenzó meses atrás cuando nos reunimos con la Coordinadora de Fiestas los tres entes festeros: Moros y Cristianos, Pobladores y Barriadas con el señor concejal de Fiestas, don Julio Cecilia. La Coordinadora nos servía para que el Ayuntamiento estuviera al corriente de la programación de nuestros actos y nos diera el visto bueno a los mismos, además de facilitar y prevenir de los cortes de calle, señalizaciones y otros pormenores típicos de las Fiestas Patronales.

En la reunión del mes de mayo el concejal nos comunicó que el Ayuntamiento tenía previsto realizar el día 10 de agosto en el Palacio de Altamira un simulacro de incendio para demostrar al pueblo el material y los medios con los que contaba el Parque Comarcal de Bomberos de Elche. Les comunicamos entonces que esa fecha estaba entre nuestros días de Fiesta y que sería lamentable que coincidiera con uno de nuestros actos, a lo que contestó que ya se buscaría una hora para que no coincidiera con ningún acto de Moros y Cristianos. Una promesa que, en principio, nos tranquilizó.

En la reunión que mantuvimos con la Coordinadora en junio se nos comunicó la hora del simulacro de incendios, pero, debido a que coincidía con un acto de nuestra Asociación, nos opusimos rotundamente a que se celebrara. A partir de esa fecha fueron varias las reuniones que celebramos sin llegar a un acuerdo.

El concejal quería que el simulacro fuera en un momento y hora en el que nuestro desfile estuviera en la calle, pues de lo contrario no tendrían gente que pudiera presenciarlo y los festeros de la Asociación éramos un público perfecto a ojos del concejal. A partir de esa fecha fueron varias las reuniones que tuvimos con el Ayuntamiento sin obtener resultado positivo.

Tuvimos un encuentro con el alcalde Ramón Pastor, el cual se comprometió a que no coincidiera nuestro desfile y el simulacro de incendio, pues el alcalde tenía que dar la orden del inicio del acto del Palacio de Altamira. Eso nos convenció en cierto modo, pero no estábamos conformes. Un orden que se dio a destiempo y por culpa de la cual yo, como presidente de la Asociación, terminé aquel día en Comisaría arrestado.

Aquel 10 de agosto, estando en las dependencias policiales, el comisario me pidió que le acompañara a su despacho, mientras los policías presentaban la denuncia por el encontronazo vivido momentos antes. Le conté lo que había ocurrido.

Simultáneamente de que yo entrase en Comisaría, los festeros de la Asociación se concentraron en la Plaça de Baix, frente al Ayuntamiento, para cortar el tráfico a modo de protesta, no permitiendo el paso a ningún vehículo. Un hecho que no tardó en llegar a oídos del comisario, ya que me lo comunicó nada más enterarse. Asimismo, me hizo saber en ese momento que se trataba de un problema de orden público y que lo tenía que resolver inmediatamente llevando a policías hasta el lugar. Yo le dije entonces que mis amigos, los festeros de la Asociación, “no son personas problemáticas y que lo único que quieren es fiesta”. En ese momento yo me comprometí a desplazarme a la Plaça de Baix y llevarme a la gente para seguir la Fiesta. El comisario me dijo que Julio Cecilia, concejal de Festejos, y José Miguel Girona, presidente de Barriadas, estaban fuera y, si yo lo creía conveniente, me acompañarían. Yo le contesté que estas personas no tenían nada que ver con los Moros y Cristianos y que si me acompañaba un policía a sus órdenes yo me comprometía a llevarme a mis amigos.

Finalmente, me acompañó un policía de paisano a la Plaça de Baix y convencí a los festeros allí congregados, solventando el problema. Le dije al policía de volver a Comisaría a declarar y me comentó que tenía órdenes de que si resolvía el problema, me podía ir a declarar cuando terminaran las Fiestas.

Al día siguiente fui a declarar a Comisaría. Posteriormente tuvimos un juicio y lo perdimos. Un auto mediante el cual el juez nos condenó a una cantidad simbólica. Al día siguiente la prensa tituló: 'La Policía Municipal y Moros y Cristianos a palos'. Un titular que no era fiel a la realidad de unos acontecimientos que, mediante una buena gestión, podrían haberse evitado.

Yo siempre he dicho que si eres Moro o Cristiano, eres mi AMIGO.

Miguel Olivares