El Palmeral de Elche

Breve reseña: 

“La palmera es tu identidad”. Eso decía un anuncio de los años ochenta que empezaba a poner en valor el palmeral entre los ilicitanos. De forma paralela, otro anuncio preguntaba “¿Te imaginas Elche sin palmeras?”.

Es difícil pensar en un Elche sin su palmeral. Desde hace casi mil años hay crónicas y relatos de viajeros que narran la majestuosidad y autenticidad de la ciudad por sus palmeras.

 

 

 

 

 

 

 

Monografía: 

 El Palmeral, Patrimonio de la Humanidad

 

 

 

El origen del palmeral

 

 

Las respuestas a estas preguntas no son en la mayoría de los casos rotundas. Por ejemplo, el origen del Palmeral es algo incierto. Dos teorías han coexistido hasta hace poco. La primera decía que el palmeral era autóctono, que siempre habría existido aquí desde el Terciario —hace sesenta y cinco millones de años. La segunda afirma que la palmera fue introducida por los árabes o los fenicios.  Todo indica que ambas tienen razón. Dátiles fosilizados o palmas dibujadas en restos cerámicos, demuestran que la palmera tiene presencia desde la prehistoria. Pero lo realmente importante es que fueron los árabes los que, durante cerca de ochocientos años, dieron al palmeral ilicitano la forma que hoy conocemos. El sistema de regadío, con una red de acequias extensísima y funcional, el tipo de riego que aprovechaba el agua disponible, de muy poca calidad, la disposición peculiar —en forma de cuadriláteros— , la división en huertos, la cultura de aprovechamiento económico del fruto, la palma y el tronco… todo ello se lo debemos a la presencia árabe y casi todo ha perdurado hasta la actualidad.

Grabado de Elche (s. XIX)

El número de palmeras

 

 

La principal diferencia de entonces con respecto a hoy sería quizá la extensión del palmeral y el número de ejemplares. Aunque el último censo de palmeras que se realizó es de 1998, y se contabilizaron unas sesenta mil palmeras en el casco histórico, cauce del río y huertos circundantes al centro, la cifra más difundida es la que abarca todo el término, es decir más de doscientas mil, en huertos que ocupan unos cinco millones  y medio de metros cuadrados. Contabilizando los viveros existentes en el campo de Elche, las palmeras de todo el municipio podrían superar el medio millón.

 

 

Lo escalofriante de la cifra es que es, muy probablemente, una pequeña parte de las que pudiera haber habido hace tan solo un siglo. Y mucho menos de las que tendría Elche en el siglo XVII o XVIII. Hasta hace bien poco, los huertos de palmeras significaban una peculiar forma de vida agrícola, una obtención de recursos económicos derivados directa o directamente de la producción de palmeras. Desde principios de siglo XX, el palmeral, ubicado principalmente en el lado Este del río Vinalopó, alrededor de la  antigua Vila Murada, fue mermando y destruyéndose —con la oposición firme de muy pocos— para dar salida al crecimiento urbanístico de Elche. Miles de palmeras desaparecieron para dejar construir en su lugar calles o los cimientos de nuevas casas o fábricas. Las que quedaron cambiaron poco a poco su uso hasta el meramente ornamental configurando los parques y jardines que hoy conocemos.

 

 

El palmeral histórico superviviente, el que ha perdurado hasta hoy y podemos disfrutar, —aunque algunos investigadores se refieren a él como las ruinas del que hubo— se extiende principalmente por dos grandes áreas, prácticamente separadas por el casco antiguo. La zona norte estaría compuesta por el actual Parque Municipal y todos los huertos que lo circundan.  La zona sur correspondería con el interior del perímetro de la actual Ruta del Palmeral 

El Parque Municipal

 

 

Quizá sea el lugar más emblemático de Elche. Seguro que es, junto al Huerto del Cura, el jardín más visitado por todos los ilicitanos y turistas. El Parque Municipal se creó en 1946, justo cuando se construyeron las grandes puertas que dan acceso. El Ayuntamiento quería dotar de un lugar de esparcimiento y ocio para los ilicitanos y decidió ajardinar el Hort del Colomer, que acababa de acoger una exposición comercial de industria y artesanía. Le siguieron otros huertos colindantes: el Hort de la Mare de Déu, el Hort de Baix o el Hort del Real —partido en dos con la construcción de la línea del Ferrocarril en la hoy Avenida de la Libertad.

 

 

Descubrir el Parque Municipal es desconectar de la realidad durante su visita. Una vez que el visitante penetra en su interior deja de ver edificios, coches y se sumerge en un entorno de jardines y naturaleza presidido en todo momento por las palmeras.

 

 

En la entrada sur, mirando al centro de la ciudad, se encuentra la Oficina de Turismo ocupando un edificio que fue un transformador eléctrico, y que se amplió respetando la originalidad de su fachada arabizante. Frente a ella, conviven desde 2006, dos grandes alusiones a la Dama de Elche que se han convertido en los últimos años en algunos de los elementos más fotografiados. Por una parte una recreación vegetal del busto de la Dama, compuesta por flores y plantas de temporada; por otra un gran mosaico que recrea con miles de teselas una imagen de la famosa escultura ibérica. El paseo puede empezar caminando hacia dentro y fijándose en las fuentes, la multitud de especies vegetales, la variedad de palmáceas existentes… Quizá llame la atención alguna de las construcciones que complementan el Parque. Además de un popular restaurante de gestión privada y concesión municipal, llama la atención un Templete donde los domingos por la mañana, una banda suele realizar sus conciertos con gran afluencia de público. También los domingos por la mañana la Rotonda —un gran espacio acondicionado para actos públicos con un escenario integrado entre las palmeras— acoge representaciones infantiles. El tercer gran edificio del Parque es el conocido por su forma como el “Huevo”. Actualmente acoge el Centro de Recepción de Visitantes, donde se proyecta un audiovisual imprescindible para todo turista. El edificio fue antiguamente  Museo del Parque, Museo Arqueológico Municipal, Museo de la Palma y acogió en su interior a la Dama de Elche en su primera visita a la ciudad en 1965.  Y el más antiguo de todos, que queda en la parte este, mirando a la ladera es el Molí Reial, un antiguo molino movido por la Acequia Mayor. El agua de esta Acequia, crea un salto de agua conocido como Els Xorrets,  atraviesa el Parque,  y surte los estanques donde hasta hace poco —la gripe aviar hizo que se retiraran en febrero de 2006— multitud de cisnes y patos hacían disfrutar a los niños. Precisamente por eso, allí se erigió, en octubre de 1976, apenas unos meses después de su fallecimiento, la primera estatua que se dedicó en España al payaso Alfonso Aragón, Fofó.

 

 

Entre los rincones más populares y preciosos del Parque, se encuentra el Hort de Baix, que se anexionó a éste en 1960, tras la compra de los terrenos. Sus escalinatas, los estanques, la original perspectiva en alturas y su pasado como sala natural de fiestas lo han convertido en uno de los jardines entrañables y casi míticos de la ciudad.  Este huerto, enlaza de forma natural, con la ladera este del río, que se ha convertido en una prolongación natural del Parque. Allí se pueden ver algunos vestigios de molinos tradicionales y a muchísimos aficionados al deporte haciendo footing o practicando ejercicio.

 

 

Junto al Parque Municipal,  otros dos parques también tienen cierta importancia. Se trata del Parque Deportivo, que fue la primera zona de esparcimiento deportivo creada en Elche, y que aún hoy conserva, entre palmeras piscinas y pistas deportivas de uso público. Y del Parque Infantil de Tráfico, al otro lado de lado de la Avenida de la Libertad, supone un espacio singular y llamativo por su diseño —calles, cruces, carreteras, señales… a escala reducida— donde la Policía Local enseña educación vial a los estudiantes. En la parte norte, un  gran jardín menos conocido y frecuentado nos ofrece una jardinería algo diferente, abundante en estanques y algo menos espesa.

 

 

 PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

 

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura—UNESCO— reconoció al Palmeral de Elche, el 30 de noviembre de 2000, como Patrimonio de la Humanidad.  El Comité del Patrimonio Mundial, reunido en  Cairns —Australia— decidió incluir el Palmeral en la lista mundial de estos bienes, con la misma categoría y nivel de protección, que por ejemplo las pirámides de Giza, en Egipto, el Partenón de Atenas o la gran muralla china.   La UNESCO valoró que nuestro palmeral representa un ejemplo de transferencia de un paisaje y una cultura característicos del norte de África a Europa; y que este paisaje, en especial unión con el sistema de riego tradicional, aún en funcionamiento, ha sobrevivido desde la época del dominio musulmán de la península ibérica hasta nuestros días. Es decir, por ser paisaje cultural heredado de Al Andalus.

 

 

Siendo estrictos, no todos los huertos de Palmeras están incluidos en esta declaración: son sólo cerca de setenta huertos, conocidos como Palmeral Histórico, ubicados en el casco urbano.

 

 

LA PROPIEDAD DE LOS HUERTOS

 

 

La mayoría de los huertos de palmeras, especialmente los de la zona protegida, han ido pasando, en el último siglo, de propiedad privada a propiedad municipal. La dificultad y el alto esfuerzo económico en mantenerlos ha provocado que casi el 60% de la titularidad de los huertos de la ciudad pertenezca al Ayuntamiento, que los ha adquirido para mantenerlos y ponerlos a disposición de los ciudadanos.

 

 

Pero hay un caso muy curioso en cuanto a la propiedad de gran parte de los huertos que hoy conforman el Parque Municipal y el Parque Deportivo. Son de la Virgen de la Asunción: no de la Iglesia, ni del Ayuntamiento, ni de ninguna cofradía o sociedad, sino de la propia imagen. En 1661, un importante y acaudalado personaje, el Doctor Nicolau Caro, falleció y en su testamento, creó un vínculo por el cual en el momento en que dejara de tener descendencia directa, todos sus bienes y rentas irían a parar a la imagen de la Patrona de Elche. En 1697 falleció su única nieta, Isabel Caro, y el vínculo se hizo efectivo. Gracias a la insistente y rotunda participación de los ilicitanos y su ayuntamiento, los intentos de expropiación a la Iglesia —constantes en el siglo XIX— no cuajaron en ningún caso y todavía hoy está vigente. Una comisión integrada por el Alcalde, el arcipreste de Santa María y un administrador se reúne anualmente para gestionar los bienes de esta propiedad. El Ayuntamiento, como pago simbólico por el uso público de estos huertos, paga 55 euros al mes —además de mantenerlos y conservarlos.

 

 

  *    http://exposelche.com/expopalmeral/

 

 

 

*    http://www.turismedelx.com/es/palmeral/

 

 

*    http://www.cult.gva.es/palmeral/start.html

 

 

 

*    Brotons García, Baltasar, Las palmeras de Elche desde sus orígenes, Elche, 1989

*    Medina Correcher, Eduardo, El Palmeral de Elche, Instituto de Cultura Juan Gil Albert, Alicante, 1998

 

 

*    Picó Meléndez, Francisco, El Palmeral Histórico de Elche, Elche, 1998

 

 

 

 

 

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