Joaquín Sorolla y Bastida (h. 1918)

Descripción: 

El pintor en 1918, la segunda vez que vino a Elche. La primera fue en agosto de 1900 cuando vino a las representaciones de La Festa.

Joaquín Sorolla Bastida (Valencia, 1863 – Madrid, 1923)

Nació en Valencia y sus padres, propietarios de una humilde tienda de tejidos, fallecieron en 1865 por una epidemia de cólera. Joaquín y su hermana Concha fueron acogidos por los tíos maternos, Isabel Bastida y el cerrajero José Piqueres. Joaquín estudió en la Escuela Normal (1872), en la Escuela de Artesanos de Valencia (hasta 1879, año en el que participa en la Exposición Regional) y en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, hasta concluir su formación académica en 1881. Uno de sus profesores, Gonzalo Salvá Simbor (1845-19243) le influyó en la pintura al aire libre o plein air. En 1881, año en que concluyó su formación académica descubrió el Museo del Prado y, especialmente, la obra de Velázquez. En Valencia entró en contacto con Ignacio Pinazo Camarlench (1849-1916) que le introdujo en el machismo italiano (Machiaioli). En los años siguientes participa con éxito en exposiciones regionales y nacionales y en 1885 consigue ser pensionado por la Diputación de Valencia para una estancia en Roma con el pintor Francisco Pradilla y Ortiz como tutor. Aprovecha ese tiempo para conocer París y recibe la influencia de L´École de Barbizon, a través de la cual le influirá tanto su iluminismo como su realismo social. Además de Roma, el pintor estuvo en Asís, acogido por el pintor José Benlliure y Gil (1855-1937). Vuelve a Valencia en 1888 para casarse con Clotilde García del Castillo, hija del fotógrafo Antonio García Peris. Tras un último año en Asís, el matrimonio se instala en Madrid. Concluye su etapa de formación: una primera fase valenciana (1878-1884) y una segunda italiana (1885-1889). Entre 1890 y 1899 vendrá su etapa de consolidación, determinada por el realismo social -expresado en cuadros como ¡… y aún dicen que el pescado es caro! o Triste herencia-, el costumbrismo o los retratos de personajes públicos como Canalejas o Pérez Galdós.

A partir de 1894 el costumbrismo marinero será lo más destacable, hasta el punto de que lo mantendrá hasta el final de su vida. El Grand Prix obtenido en París en 1900 inicia el ciclo de culminación. Sorolla se vuelve cosmopolita, viaja constantemente a París, conoce las vanguardias y prevalece en sus pinturas el iluminismo. En los primeros años del siglo XX combina el costumbrismo marinero con sus recorridos primaverales por el norte de España o por el este –Valencia, Jávea y Alcira- durante los inviernos y veranos. Su permanente admiración por Velázquez le lleva a viajar a Londres en 1902 para contemplar La venus del espejo y viaja a Francia, Bélgica y Holanda al año siguiente. Expone con gran éxito en París (1906) y bastante menos suerte tanto en Alemania (1907) como en Londres (1908). Pero su mayor aceptación es en Nueva York en 1909 y otras ciudades como Búfalo y Boston. Ventas excepcionales y 160.000 visitantes en la exposición de Nueva York. De nuevo en Estados Unidos, triunfa en Chicago y San Luis en 1911. Años en el los que el artista se acerca al impresionismo, postimpresionismo, fauvismo y expresionismo.

El éxito obtenido en Estados Unidos explica el encargo que recibe por parte de The Hispanic Society of America de Nueva York, para ejecutar nada menos que una decoración de 70 metros lineales por tres o tres y medio metros de altura sobre Las provincias de España. En principio el proyecto incluía también Portugal pero fue eliminado. El contrato suscrito con el presidente de la sociedad neoyorquina, Mr. Archer Milton Huntington, se firmó el 26 de noviembre de 1911 con un montante de 150.000 dólares, una auténtica fortuna para el pintor. Una obra mural pintada al óleo sobre lienzo. De esta manera recorrerá entre 1911 y 1912 las dos Castillas, El País Vasco, Navarra y Aragón. Realizará el primer panel, La fiesta del pan, en 1913. En 1914 viaja a Sevilla para preparar el segundo panel, Los Nazarenos, el dedicado al País Vasco, Los bolos, el de Aragón, La Jota y el de Navarra, Concejo del Roncal. En 1915 pintará en Galicia, La romería y en Barcelona el dedicado a los catalanes, El pescado. En 1916 realiza el primer panel dedicado a la región valenciana, Las grupas. En ese tiempo realiza además una serie de retratos de personalidades solicitados también por The Hispanic Society of America. En 1917 será Extremadura, representada por El mercado.

Será el sábado 28 de septiembre de 1918 cuando el pintor llegue a Alicante acompañado de su hijo Joaquín, dado el estado de salud del pintor. Su segundo panel sobre Valencia es El Palmeral y entre Alicante y Elche, decide pintarlo en Alicante en el Huerto del Carmen, aunque viaja a Elche a tomar notas y encargar fotografías. Una obra más de las 14 composiciones colosales que el potentado estadounidense Archer Milton Huntington le había solicitado en 1911 para la colección de estampas Visión de España o Regiones de España, que acabaría mostrándose en el Boricua College, sede de la Hispanic Society de New York. Era uno de sus últimos óleos y Sorolla decidía dedicárselo a una escena femenina de radiante luminosidad y anaranjados dátiles en la infinita huerta de Elche, el cuadro El Palmeral. En Elche y no en Alicante, porque como le confesaría a su mujer Clotilde García el 8 de octubre de 1918, «muerto el campo, (en Alicante) no hay árboles, todo tiene el color de un desierto, terra de escurar, sol aplanador pero bonito cielo y mar azul intenso». Una de las más de mil misivas agrupadas en los tres tomos de sus Epistolaríos.

Tras una corta estancia en Madrid con su hijo, el célebre pintor regresaría a Alicante el 22 de noviembre, albergándose en el desaparecido Hotel Victoria de la Explanada. Y empezaría a pintar El Palmeral el 27 de noviembre, pero en la hacienda El Carmen, que había visto desde el tren camino de Elche y que era propiedad de su paisano Juan Soler: «es valenciano, un hombre bueno y complaciente, ... un trabajador terrible y muy inteligente, ... como que no es alicantino, si no se dormiría de pie, hay que ver lo perezoso que es este pueblo». El Carmen, un inmenso palmar con «una casa admirable, ...¡qué vista!, ¡qué panorama!, el mar está pegado a la puerta de la entrada de la finca donde pintaré el cuadro». La obra es un lienzo de 350 por 321 centímetros, más un cajón de pinturas, una tarima y una escalera que le prepararían los pintores Alfredo Carreras y Emilio Varela, su admirado discípulo. Y un horno de pan de techo morisco, tan blanco como falso, que había visto en Elche y que le copiaría su anfitrión Juan Soler para poder recrear toda la escena en su finca. Con un trabajador y diez muchachas del servicio que ya serían inmortales. Tras 30 días matinales de trabajo, el 9 de enero de 1919 el pintor finalizaba El Palmeral en El Carmen, consignándolo el día 18 en un tren a Madrid. Solo el Diario de Alicante recogió tan notable suceso cultural: «Anteayer facturó (Sorolla) el soberbio cuadro pintado en nuestros palmerales y destinado a Nueva York».

Historiadores del arte han subrayado el error del pintor al aceptar un encargo de tal envergadura que le impidió seguir innovando en su pinura, no siendo, además, un muralista. Su salud se resintió al tener que recorrer España entera durante ocho años. En 1920 sufrió un ataque de hemiplejía y falleció el 10 de agosto de 1923 en Cercedilla, en la sierra de Madrid.

FUENTES

Sorolla y la Hispanic Society. Una visión de la España de entresiglos. Generalitat Valenciana, 1999.

Ismael Belda en El Mundo 10/IV/2017.

Guía del Museo Sorolla, 2009.

Fecha: 
1918
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