Mora Aguilar, María Asunción

Lugar de nacimiento: 
Elche
Fecha de nacimiento: 
8 de septiembre de 1944
Profesión: 
Aparadora
Biografía: 

María Asunción Mora Aguilar

"Nací el 8 de septiembre de 1944. Ahora me quedan dos hermanas pero éramos siete; tres chicas y cuatro chicos. Vivo en la calle Nueva de San Antonio. Toda la vida he vivido en Elche y en la misma calle. Antes en el número 10 y cuando me casé pasé a vivir al número 14. Me casé en el año 1996 pero por caprichos de la vida soy viuda. Mis padres se han dedicado siempre al calzado, y mis hermanos y yo hemos trabajado toda la vida en el taller que montó mi padre, un taller que nos dio de comer y para vivir muy bien. Mi vida gira en torno a ese taller. Soy mujer de seguir las costumbres de mi ciudad, y como buena ilicitana me he ganado todo lo que tengo siendo aparadora.

La casa de mis padres donde yo y todos mis hermanos hemos nacido era muy grande. Vivíamos en la planta de arriba y en la planta baja tenía mi padre una empresa familiar de calzado para niños, más tarde se empezó a hacer alpargatas y después vulcanizado y pegado. La razón social de la fábrica era Juan Mora Sánchez y más tarde Carmen Aguilar Martínez y por último a mi nombre. La fábrica estuvo abierta muchos años, ahora mismo no recuerdo bien, pero sé que hace unos pocos años hicieron una exposición de las fábricas más antiguas de la ciudad y estaba el nombre de la fábrica de mi padre. No sé la fecha exacta pero fue entre el 1934-1936.

La casa era muy grande, tenía dos galerías, cuarto de baño; cuatro habitaciones, comedor, cocina. Recuerdo que yo dormía en la misma habitación que mis hermanas de dos camas. Soy la más pequeña de mis hermanos. La casa donde me crié era de mis abuelos paternos pero mi padre se quedó con la casa, compró la casa de al lado y la hizo más grande, cuando yo era pequeña mi abuela vivía con nosotros.

Mi padre se ha dedicado siempre al calzado, antes estaba trabajando en una empresa de calzado y cuando se casó montó su propia empresa. Mi padre era ilicitano y mi madre de Catral, pero se vino muy jovencita a vivir aquí porque se quedó sin padre y mi abuela con mi madre y sus hermanos tuvieron que venir a buscar trabajo. Mi madre se casó con uno de Elche. Conoció a mi padre porque trabajaba detrás de donde trabajaba mi padre y por el patio mi padre veía a mi madre y mi padre se enamoró. Mi madre no se lo puso nada fácil, me han contado muchas veces esta historia.

Cuando se casaron se fueron a vivir de alquiler unos pocos meses, hasta que mi padre compró la casa de al lado. Se casaron el día de la Ascensión, mi madre con 20 años y mi padre con 22.

Mi infancia fue muy buena, empecé  a ir al colegio de doña Anita Catalá en el Filet de Fora, desde muy pequeña empecé antes de los tres años hasta los ocho años. Por las mañanas cuando mis dos hermanas mayores se iban al colegio, yo me quedaba siempre llorando en la puerta del colegio. Un día doña Anita me vio y le dijo a mi madre que me llevara al colegio que no pasaba nada. El colegio era solo de chicas. Cuando me hice más mayor fui al colegio de doña Remedios en la calle del Salvador  en el primer piso, de 8 años a 12,  aquí te preparaban para hacer el ingreso al instituto. Yo siempre desayunaba en casa pero allí daban leche en polvo y por las tardes queso para merendar. Nunca he desayunado ni merendado en la academia porque en mi casa teníamos suficiente para todos.  El horario era de 9 de la mañana hasta las 12 y por la tarde de tres a cinco meno los jueves que no había clase por la tarde. Yo me quedaba a clases particulares entonces salía a las seis de la tarde. Mis amigas se quedaban y yo también quería. Las clases particulares eran para prepararte para entrar al instituto, yo me prepare pero luego no quise examinarme. Al curso siguiente me fui a una academia a estudiar contabilidad y mecanografía hasta que se murió mi padre y me puse de lleno en la fábrica.

Todos los recados de la fábrica los hacía yo, ir a correos, al estanco a comprar sellos y los mandados de mi madre también, a comprar el pan o lo que le hiciera falta, todo eso con 12 años. Cuando salía del colegio, iba a mi casa, merendaba y si tenía que hacer algún recado lo hacía, estudiaba un rato porque mi padre me obligaba a bajar al despacho para que lo hiciera allí y luego salía. Había muchas veces que me escapaba por la escalera de atrás.  Jugábamos al escondite, a la comba, al teyo. En mi época los niños eran muy inocentes, yo era bastante adelantada para mi edad, sabía perfectamente que los niños no los traía la cigüeña como pensaban mis hermanas, y que los reyes magos eran mis padres porque mi madre utilizaba año tras año la misma cestita para ponernos las golosinas que supuestamente llegaban desde Oriente. Los domingos iba a misa con mis amigas a la parroquia del Salvador, íbamos a Acción Católica y Catecismo, a mí siempre me ha gustado mucho ir a la iglesia. Para mí el día de mi primera comunión fue muy importante, muy diferente a como se celebra ahora, porque en mi época después de comulgar te ibas a casa a comer con tus familiares más allegados y ya está. Con 13 años mis amigas y yo empezamos a ir a las cafeterías, en esa época estaba de moda la cafetería Florida, en la Glorieta porque allí iban los jugadores del Elche que esa temporada subió de Segunda División a Primera. Nosotras nos escapábamos del colegio solo por ver a los jugadores tomando café. Doña Remedios nos castigó arrodilladas delante de la pizarra.

Siempre he tenido muchas amigas; Del colegio y de la calle. La hora de retirada era en invierno a las 21:00 y en verano una hora más. Íbamos al cine, al Capitolio, Alcázar, al Gran Teatro, los sábados eran los estrenos. Recuerdo que un agosto abrieron un cine de verano y para la apertura pusieron Los 10 Mandamientos. Cuando se terminaba la película nos comprábamos un bocadillo de calamares en “El Trenet” que estaba al lado del Capitolio.

Mis hermanos han ido todos al colegio, mis tres hermanos iban a la academia Levante a estudiar mecanografía y cuando cumplieron una buena edad para trabajar, lo compaginaban.

Cuando tenía 16 años, mi padre sufrió un ictus y murió, fue desde ese momento en el que empecé a trabajar en la fábrica, de un día para otro tuve que dejar la academia y empezar mi nueva vida como aparadora. Me enseñé yo sola de ver a las demás como lo hacían, empecé con el zigzag y luego ya iba haciendo cosas más complicadas. Me levantaba a las seis de la mañana a ayudar a mis hermanas y madre a limpiar la fábrica antes de empezar la jornada, desayunaba, iba a comprar el pan y hacía la plaza y cuando volvía me sentaba en la máquina hasta la hora de comer. Mi madre, después de fallecer mi padre apenas salía de mi casa, todos los recados los hacía yo. Éramos tres aparadoras cuando yo empecé. No me hicieron contrato porque la fábrica era de mi madre, me apuntaron a la seguridad social cuando me compré mi piso con 30 años, era la seguridad social con régimen especial. Nunca tuve jornal, me seguían dando la paga que me daban desde muy pequeña, 25 pesetas, dinero para ir al cine, a tomar algo pero jornal nunca. Yo terminaba cansada, pero la verdad no era un trabajo pesado, en la fábrica se hacían cosas que cansaban más como el vulcanizado que sólo lo hacían los hombres.

Nos pedían faena de Alicante, de Lorca, Molina del Segura, Alcantarilla, Palma de Mallorca, Canarias, Ibiza y Fernando Poo. Esa faena se enviaba por correo, siempre teníamos mucho trabajo, tanto que se nos quedaban pedidos sin servir. Teníamos empleados de Elche y de Callosa. La fábrica estuvo abierta hasta junio de 1996, se cerró porque yo me casé y mis hermanos mayores se jubilaron. De lo que estoy arrepentida es de no haber seguido con mis estudios, me hubiese gustado ser profesora, de hecho se me presentó la ocasión de trabajar en una guardería pero mi madre no me dejó porque en la fábrica hacía falta. Pero en la guardería hubiese tenido un contrato y un jornal, lo único que tengo ahora es una paga por ser viuda. La fábrica cuando se cerró iba a mi nombre y no he podido cobrar nada. Toda una vida trabajando para luego no poder cobrar nada. De lo único que no me arrepiento es de mi juventud, siempre he tenido lo que he querido, nunca me ha faltado de nada".