Antón, Terebel

Lugar de nacimiento: 
La Hoya
Fecha de nacimiento: 
15 de marzo de 1958
Profesión: 
Aparadora
Biografía: 

Terebel Antón

"He vivido en La Hoya de siempre y tengo 59 años. Vivo a las afueras de La Hoya. Tengo dos hermanas que antes se dedicaban al calzado, pero ahora con la crisis se han tenido que dedicar a otra cosa. Soy la hermana mayor, mi hermana mediana tiene dos años menos que yo y la pequeña seis menos que yo. Mis padres han tenido tierras toda su vida y se han dedicado al campo, vendían lo que cultivaban y mis hermanas y yo cuando éramos pequeñas les ayudábamos. Tengo dos hijos que gracias a Dios no se dedican al calzado, por suerte han estudiado sus carreras.

Me metí con 12 años en el mundo del aparado, cuando terminaba el colegio me iba a casa de mi vecina y ella me enseñaba; con ella yo estaba de aprendiza cortando los hilos, daba cola; hacía todo lo que me decía. Cuando llevaba un año ya sabía bastante y me dijo que podía comprarme una máquina para aparar yo sola.  Mi padre con los ahorros que tenía me la compró y me la llevé a casa de mi vecina para terminar de enseñarme. En esta época yo como aprendiza no cobraba nada, al contrario, le hacía regalos a mi vecina por las molestias de enseñarme, porque ella perdía tiempo de su trabajo en mí. Me pasé casi dos años con ella, luego me instalé en un cuarto de mi casa a trabajar. Fue ahí cuando dejé el colegio y me convertí oficialmente en aparadora. Mi jornada laboral siempre ha sido la misma, jornada partida de 8:00 de la mañana a 13:00 y de 15:30-20:00.

A partir de ahí me busqué mi faena, las fábricas a las que yo les hacía el aparado, iba en bici a recoger la faena, siempre era mejor encargarte tú misma de recoger y llevar la faena, nada de repartidores porque pagaban menos. Con 18 años me metí en una fábrica a trabajar, por probar y no estar todo el día en casa, he estado en tres fábricas, todas ellas de encargada, en la última estuve 10 años trabajando pero el problema de las fábricas es que hay demasiado estrés y mi salud estaba que peligraba, porque era una fábrica demasiado grande, muchos problemas y todo pasaba por mi mano, así que un día decidí dejarlo y descansar.  

Mi marido como yo, se ha dedicado al calzado toda la vida, tenía un taller y en esa etapa en la que yo estaba cansada del ajetreo de las grandes fábricas me propuso trabajar con él. Siempre he sido muy inquieta, nunca he podido estar en casa sin hacer nada, me puse a trabajar con él. Llevo 17 años trabajando en este taller de encargada, con tres aparadoras más. La verdad es que soy masoca, me gusta mucho este trabajo. No hay ninguna aparadora que diga que no le gusta este trabajo. La verdad es que tampoco he hecho otra cosa, pero para dedicarte a esto, te tiene que gustar porque es un trabajo duro, son muchas horas y al final terminas bastante cansada con la espalda dolorida. Hace un año me tuvieron que operar de los dos dedos gordos de la mano, tenía tanto dolor que ni me esperé a la seguridad social. Primero me operé de uno y a los quince días del otro. Lo malo es que el dolor me ha vuelto. Una temporada tuve que ponerme collarín, las cervicales también las tengo tocadas. Lo malo de este trabajo es eso que con los años al final sale todo.

Casi nunca he tenido contrato, cuando estuve en las fábricas cotizaba mucho menos de las horas que hacía. Cuando intentas hacerte autónomo no puedes pagártelo porque cada cierto tiempo va subiendo y con el trabajo que hay es imposible pagarlo, nadie se lo puede permitir. Ahora con las inspecciones de trabajo llegan y si no tienes contrato directamente te detienen, algo que se debería haber hecho hace tiempo, porque se hubiera erradicado todo esto que hay ahora. Cada día los contratos son peores, más bajos y me pregunto cómo vais a cotizar los jóvenes. Estamos peor que hace años, vamos para atrás.

Aquí en el taller llevamos dos años muy malos, apenas hay faena y las fábricas buscan pagar lo mínimo por faena que cuesta mucho trabajo hacer. Las grandes empresas son las que se aprovechan de todo esto, saben que los trabajadores no están pasando por su mejor momento económico.  Muchas empresas pagan tarde o incluso muchas ni pagan lo que deben, directamente cierran, se declaran insolventes y lo tienen todo arreglado para que no les quiten nada. La justicia hoy en día va así, es un disparate y una locura. Antes cuando trabajabas en tu casa, las fábricas te daban el hilo, la cola y ahora te lo tienes que comprar todo. Cada día te recompensa menos este trabajo. Las aparadoras estamos discriminadas totalmente pero es lo que hay, no sabemos hacer otra cosa y aunque tenga más cosas negativas que positivas, a mí personalmente me gusta ser aparadora.  La crisis ha sido la causante de que el calzado vaya así. Recuerdo que cuando era pequeña había muchas fábricas de calzado y con tanta faena que parece mentira que ahora la cosa esté así.

Sólo he tenido a una chica joven enseñándose y cobrando las horas en las que estaba aprendiendo, cuando eso en la época en la que yo estaba de aprendiza era impensable. Por eso nadie quiere perder su tiempo enseñándose, a las aparadoras nos quitan horas de trabajo y las aprendizas quieren cobrar todas las horas habiendo sacado solo tres pares. Nosotras somos la última generación de aparadoras, es normal que nadie quiera dedicarse a esto. Estamos en extinción, deberíamos estar protegidas como las especies pero como noes así, nos extinguiremos".